miércoles, 28 de julio de 2010

CINCO MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO

Han pasado 5 meses después del terremoto. Frente a mi apartamento en Villa Frei se ven todavía los rótulos de reclamos y protestas pegados junto a los de la publicidad ostentosa que ofrece “1-2-3 y 4 dormitorios” en el edificio Los Cerezos: “Con la mejor vista”. Unas mantas negras representan el dolor de esta gente que perdió sus hogares y vio cómo sus sueños se terminaban o parecían terminar esa desafortunada noche.

“Departamentos de cartón”, “Ya pasaron 15 días, cuántos más”, “La mejor vista” y enormes plásticos hacen de vidrios para detener la humedad. Después del desastre mchas empresas de bienes raíces simplemente desaparecieron y dejaron a la gente sin casa y sin esperanzas. Imagino que los dueños del edificio Los Cerezos van a reaparecer cuando todo esté olvidado y van a volver a vender los edificios a los incautos que no les interese la historia del lugar donde quieren vivir. Todos los días veo como un jardinero cuida abnegadamente el entorno florido del edificio. En el caso de que lo fueran a demoler ¿Por qué se preocupan tanto por el jardín?

La noche del terremoto la pasamos mal es cierto, pero al día siguiente conocimos el alma chilena. Con los días que teníamos de vivir en Santiago, un mes y unos días, solamente habíamos conocido a una pareja joven que vivían al lado. El resto del vecindario me parecía impenetrable. Muchas veces saludé a mis vecinas y ellas no se dignaron a devolverme el saludo (¿?) Pero al día siguiente cuando nos sentíamos más desamparados una mujer se compadeció de nosotros porque creyó que éramos peruanos, y ella tenía familia peruana. Fue así: Leonel se quedó valientemente en el edificio mientras nosotros decidimos dormir en la calle. Una mujer de quien no conozco el nombre pero sí su corazón, nos dio un lugar muy abrigado en su apartamento del primer piso, de ahí podíamos salir rápidamente a la calle si se hacía necesario. A mis hijos y a mí nos reconfortó la amabilidad y solidaridad de ella y toda su familia. Éramos y seguimos siendo unos desconocidos, pero ellos nos dieron lo mejor que tenían. La primera noche después del terremoto dormimos en la casa de la buena samaritana y la segunda noche la pasamos en el edificio. Era horrible pasar el día entero con miedo de que llegara la noche, los niños no querían volver nunca más a l apartamento. El tercer día fuimos acogidos por la mano amable de Lylliam Méndez, la agregada cultural de Nicaragua en Chile.

En mi mente ha quedado gravado el infierno de la gente gritando atrapada en sus apartamentos, las alarmas de los carros, sirenas de alarma que parecían juntar sus gritos desesperados a los nuestros, la gente gritando atrapada en los ascensores y en los edificios de enfrente... y al rato, todavía de madrugada, el sonido mesclado de vidrios rotos al ser barridos, las aspiradoras y los martillazos. A las pocas horas del derrumbe todo Chile se levantaba con fuerza y con optimismo. Y comenzaron campañas muy ingeniosas y creativas para apoyar a los que más lo necesitaban.

Al principio yo me sentía muy resentida porque no se suspendieron las clases, el terremoto fue la madrugada del sábado 27 de febrero y las clases comenzaban el lunes 8 de marzo. Y los sismos seguían, ya no eran noticia mundial pero había como seis movimientos al día de entre 4 y 6 puntos en escala Ritcher. El día del traspaso de gobierno ocurrió uno de los más recordados. Ese fue el primer día de un sismo realmente fuerte de los que tuvieron que pasar los niños en la escuela. Pero luego me di cuenta que era mejor que estuvieran en la escuela a la hora de los sismos. Un día que llegué desesperada a buscar a mi hijo más pequeño las maestras no dejaron que las madres asustadas contagiáramos a los niños, ellos estaban practicando la "operación Deyse" (deisi). Pude constatar cómo las profesoras dominaban la situación y enseñaban a los niños a organizarse en el patio. Es mejor estar preparado que solamente temblar y contagiar a los más pequeños. Gracias a conversaciones con mis hijos comprendí que yo los estaba contagiando de pánico y así no íbamos a llegar a ningún lado.

Han pasado cosas muy intensas en mi vida desde la noche aquella del terremoto, ha sido algo así como que una voz muda te levante en el aire y te diga con una verdad concreta lo frágil que sos. De un día para otro dejé mi casa, mi familia, mi empleo… todo y comencé a vivir mi sueño. A veces los sueños son transparentemente ridículos pero importantes para quien los padece.

En cinco meses he sido tocada dos veces por el dolor. Ha sido como que una mano de acero, fría y poderosa, haya metido su dedo metálico en el ojo de mi corazón. No es fácil estar solo, sola, solos. Aunque todavía tengo esperanzas y fuerzas, veo con dolor cómo la gente amada, que ingenuamente incluía en mis sueños, se muere.

Tuve un sueño en el que recogía cilantros del jardín de mi patio, y un león, maduro y fuerte, me atacaba, pero pude vencerlo con una mirada de fe y humildad... Es hermoso ganar una batalla aunque sea en sueños.