sábado, 30 de junio de 2012

Días de guerra

Día de memoria


Cuando yo era una niña pequeña que apenas veía como problema grave el hecho de no poder escribir bien mi largo nombre, me tocó vivir la experiencia de la guerra, y no es que yo estuve o estuviera en ese instante en un lugar de enfrentamiento, quizá  llegué a estarlo en algún momento, como muchos otros nicaragüenses; pero ese momento que ahora traigo a la memoria... es uno en el que vi que unos hombres llegan a la casa y piden las medidas de la ropa de mi padre. Veo que sacan una cinta métrica y toman presurosamente sus medidas. Anotan en una libreta y se van. También recuerdo, como si se tratara de una masa deforme y confusa, que no había azúcar blanca, en su lugar lo que podíamos obtener era azúcar moreno. En ese momento se veía a este producto al cual me refiero como algo bastante plebeyo, y ahora con el tiempo hasta lo he comprado muy caro porque el azúcar de color oscuro, poroso y húmedo, pegajoso y de granos gruesos es más saludable que el azúcar refinado... escribo como pienso, y eso no es bueno ni malo, creo que lo importante es estar consciente. Al igual que muchas niñas de aquella época vi camiones llegando con cajas de color aluminio (quizá no fue así, quizá esa imagen lleva la contaminación de mi propia imaginación infantil pero eso es lo que aparece en la pantalla de mis recuerdos) a entregar como peces plateados gigantes esos cajones que le sacaban las lágrimas a las madres, las hijas, las abuelas, vecinos y vecinas... cargaban a sus muertos. La primera vez no entendí mucho, tardé un buen tiempo en darme cuenta que aquellos muertos que se iban acumulando en la vida de los otros de alguna forma también eran míos. Recuerdo que un día de esos teníamos hambre urgente y no había más que leña húmeda en la cocina echa de tres pedazos de piedra cantera. Unas ramas lucían entrecruzadas esperando algo, no había combustible para hacerlos arder, quizá había fósforos... pero ¿de qué serviría? No sé si al fin mi papá regresó con algo de comer, o mi madre. ¡Qué bien sabían turnarse a la hora de la sobrevivencia! Ese día era triste y azul algodonoso. O era rojizo algodonoso, pero aunque había resplandor vespertino había también como un halo de hielo de muerto colándose entre los huesos. Pero hubo días felices en que inventamos quemar azúcar morena para fingir caramelos oscuros y amargos que devoramos con alegría, y también comimos tortillas de maíz, crujientes y tostaditas, comidas con sal o con un trozo pequeñito de cuajada ahumada... en cosas como esas pensé cuando sentada frente a la ventana diminuta de mi departamento en Santiago de Chile garrapatee este supuesto poema (y no me importa que no lo sea), la idea es que en este acto de escritura yo como mi propio recuerdo y lo mastico, lo muerdo, tal y como una vez hice con el caramelo de azúcar vítrea o la tortilla de maíz tostada, y lo consumo como algo necesario más que amado.

Reflexiones de una muñeca de azúcar morena

Te agitas viento
lloroso y espinudo
en este cielo de espuma congelada
él abre la boca y come
parte a parte
trueno crocante entre sus dientes
y tú estás allí o vienes
a deleitarte en lo que queda de mi carne crujiente.

Me acuerdo de cuando era chica
un muerto ajeno posaba 
como mariposa de malos augurios
en el centro de la sala
el perro lloraba, el alcaraván lloraba,
yo no supe cómo llorar.
Ahora entiendo, casi cuarenta años más tarde,
que ese muerto era mío también.

Ese día también te agitabas
lloroso y espinudo
en un cielo de espuma congelada

La boca que solía comerme
se estiraba rígida como una lagartija congelada
en la cara de ese muerto que estaba puesto en la sala

en la cara de ése que estaba guardado en esa caja de aluminio
y modelo en serie repetida.

sábado, 23 de junio de 2012

Un día más en Santiago. (Día del padre en Nicaragua)

Afuera el día luce espléndido. Aprovecho que hay luz natural, y para librarme del frío seco de esta ciudad ajena, he empezado a ordenar el cuartito que todos en la casa usamos de basurero. Entre las cosas que he encontrado hay desde anuncios publicitarios del año pasado que ofrecían masajes "reductivos" a $15.000 la sesión, de relajación a $12.000 y de drenaje linfático a $20.000, cachureos y cosas que ni imaginaba que eran mías: un pedazo de madera de dimensiones de 4 x 10 pulgadas, una máscara de el gato con botas y una carta. De todo lo anterior solo una cosa decía algo mío, la carta. Y esta carta no es mía en realidad, es una carta que escribió mi hijo Samuel para su abuelito Mario, mi padre, que está en Nicaragua.
Casualmente un día de estos estuve pensando que la escritura sirve entre tantas cosas como para hacerse de una puerta por medio de la cual a uno le pueda llegar alguna luz reveladora, tal y como me llega ahora esa luz blanca y brillante que psicológicamente me calienta. Pero también por medio de esa puerta escrituralmente abierta es que se puede sacar cosas que no queremos guardarnos, esas cosas que a veces no nos gustan o que nos producen vergüenza, asco o repugnancia. Pero ese ejercicio es el que hice en mi novelita inédita que no sé si alguna vez podré publicar, pero no importa. Lo que sí me importa es haber hecho la práctica que me ha dado más lecciones de las que yo misma esperaba.
Mientras escribo esta entrada en mi blog abandonado, mi pequeño Samuel toca su flauta recién redescubierta entre las cosas que sacamos del cuartito, toca desafinadamente pero feliz, brinca, gira, baila... el chillido de la flauta me hace recordar el horror que me produce la imagen de los pezones que ponen huevos y chillan como instrumento musical en "Rosa mística" de Marosa de Giorgio... pero le sonrío a mi nene y le digo: "¿Qué te parece si vas y le tocas algo a tu hermano?",  "¡Sí!" me contesta entusiasmado, y se va. Pobre Ángel. Baja el músico improvisado por las escaleras de caracol de nuestra casa para buscar a su hermano, mientras yo escribo. Pero también debo estar atenta al sonido de la lavadora, cuando termine debo ir a tender la ropa, pero también debo estar pendiente del pescado, cuando esté listo un lado debo darle vuelta para cocinar el otro... Alguien toca el citófono.
Regreso. Era mi amiga Hilda, me ha traído un "cuellito" tejido en lana de vicuña, ella quiere darme calor a como dé lugar. Yo la quiero tanto a ella, que no me importa que esa lana tan fina no consiga salvarme de este frío "tan helado".
La cosa es que esa carta fue escrita por Samu para contarle a su abuelito que en Chile hay muchas construcciones y que hay muchos trabajos --mi papá es albañil-- y le pide con entusiasmo que venga pronto que éste país es muy lindo. La fecha es de septiembre de 2010.
Así que a mi mente viene de pronto la imagen de mi padre sin padre (tuvo un padre sí, uno que nunca lo quiso reconocer como hijo legítimo) paseando con una lata y un palo por los arrozales de alguna hacienda de grandes terratenientes, ocupado en ahuyentar animales peligrosos y pájaros que atentaran con comerse los granos. Y mi papá primero aprendió a mantener a su familia de entonces: una madre y tres hermanos menores antes de aprender a leer, antes de aprender que era posible ir a una escuela y usar zapatos. Se casó a los 18 años, y procreó cuatro hijos de los cuales soy la primogénita. Yo iba a la escuela de día y mi padre por la noche. Yo iba a la escuela de día y mi madre trabajaba de día como enfermera empírica de un hospital municipal, hasta cambiaba sus turnos nocturnos por los turnos de fin de semana de sus compañeras para poder integrarse a sus estudios en el Alfonso Urroz entre 6 y 9 de la noche, hasta que su sueño se hizo realidad, sus sueños se hicieron realidad, nuestros sueños aquellos. Qué suerte tuvo mi padre al encontrarse con mi madre, y qué suerte tuvo ella también al encontrárselo a él.
Pienso, en que a pesar de las carencias, a pesar de la guerra y la revolución sandinista o quizá gracias a todo eso, aprendimos lecciones de solidaridad, amor, sinceridad y apego desinteresado, hasta de encerramiento con nuestra familia extensa y multiplicada entre el vecindario y los que se iban al extranjero (como ahora yo) y los que se quedaban, esos que de alguna manera todavía siguen conectados con nosotros, con nuestra memoria.
Dentro de unos días voy a cumplir 15 años de haber publicado por primera vez un cuento. "Detrás de San Miguel Arcángel" se llama, y tengo el recorte guardado con mucho cariño en el lugar de mis cosas más importantes. Cuánto me alegra que mis abuelas y bisabuelas indígenas y analfabetas tengan ahora la oportunidad de verse en mi escritura como lo que son: mis antecedentes y mis huesos. Porque cada letra que escribo se debe a que ellas pudieron darme al padre y la madre que todavía tengo, y vivo agradecida. Pero cuánto los extraño, tanto que ni se imaginan.

viernes, 22 de junio de 2012

Están cordialmente invitados e invitadas. A mi taller de narrativa



«TODAS LAS PALABRAS CUENTAN»
TALLER DE NARRATIVA CORTA
Una iniciativa más de la Embajada de Nicaragua en Chile


Día, hora y lugar: Martes de 17:30 a 19 hrs.
República de Cuba 2645. Metro Francisco de Bilbao
Tutora: María del Carmen Pérez Cuadra.
Inicio: Martes 10 de julio.
(Un encuentro semanal. Duración del taller 3 meses.)
Valor mensual: $ 40.000. (Se otorgarán dos medias becas)
Máximo de participantes: 6 personas

Resumen

Este taller de escritura creativa ha sido pensado para quienes estén interesados/as en iniciarse en la escritura del género cuento. Los participantes trabajarán en sus proyectos personales de escritura al mismo tiempo que  disfrutarán de la lectura crítica de autores de diversos estilos y tradiciones. El único requisito es estar interesado en escribir narraciones cortas.
La disposición de la tallerista incluye, además de los 90 minutos de encuentro presencial, un seguimiento personalizado por participante enfocado en la corrección, asesoría y valoración de sus textos o proyectos de escritura.

¿A QUIÉN ESTÁ DIRIGIDO?
A toda persona interesada en la narración literaria. Mayores de 14 años.
OBJETIVOS:
·        Conocer autores claves  de la narrativa corta.
·        Desarrollar habilidades, destrezas y técnicas de lectura y escritura.
·        Trabajar un proyecto personal de escritura de narrativa corta.

METODOLOGÍA
·        Lectura activa. Ejercicios de escritura. Conversatorio.

María del Carmen Pérez Cuadra (nicaragüense), es licenciada en Arte y Letras, Magister en Literatura Hispanoamericana y especialista en  literatura centroamericana. Es narradora y poeta, su trabajo ha sido publicado en países de Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y el Caribe. Su trabajo ha recibido reconocimientos nacionales y centroamericanos como el Primer Premio de Narrativa Centroamericana escrita por mujeres: «Rafaela Contreras» en 2004 y el Premio Nacional de Poesía Inédita «El Cisne» en 2008. Actualmente dirige el Taller de Escritura Creativa ¡Yo también cuento!

INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN
Con María del Carmen Pérez Cuadra
Celular: 79537781
Oficina: (02) 9814563
De lunes a viernes en horario de 9 am a 6 pm.
Email: mariakarmen@yahoo.com.mx