viernes, 16 de enero de 2009

Matatiru, matatiru Matatiru-ti-ru-la

yo me echaría en tu sueño,
viaje sideral.
Marea Roja

Teníamos que llegar antes del medio día. Corrimos agarrados de las manos, subimos por lomas, y entre matorrales divisamos un breñero alto. Nos aventuramos a subirlo abrazados, a toda carrera. Se te clavaron cachitos en los pies a pesar del zapato. Mi llanto y su risa por mi inutilidad. Llegamos y recibís el premio por la aventura: chuparte las heridas para curarlas. Risas. Pobrecito... Es tan débil e imprescindible.
Para vengarme de tus palabras te aviento contra el lodo y te me pegás de la camisa, aterrizamos al otro lado del monte, entre el fango. Desde aquí se puede ver el potrero desierto, el guanacastón al fondo y en su base un pantano de estiércol adornado con hongos. Mirá, ¿te gusta la combinación de colores? Sí. Pero me resulta más interesante éste cielo algodonoso o aquella selvita de Morales. Vos sí que estás loca, la neblina te está haciendo ver cosas... Sabés que más bien está Delacroix este cielo. «ESNOBISTAS» «APRENDICES DE DILETANTE». Está bien, pero quitáteme de encima. Te levantás y te vas como desesperada a abrazarte al árbol «—¡Abuelo, abuelo!». Y vos me tirás bolitas de lodo y ramas secas, burlándote de lo que creés es teatro. Me enfurezco, me quito la camisa y el pantalón. Mientras me quito el brasier intento atraparte amenazándote con cogerte. Y vos en risas, huyendo «—!Yo soy hombre, vos no podés violarme!», y yo, «—¡A sí, pues vamos a ver...!»
Y nuestras risas, el cansancio, el sudor, mi humedad lubricando cada paso de tu sexo. De pronto tu líquido blanco y efímero, como un tónico para la tos, para que yo exista así, tan feliz, «HAY COSAS MAS IMPORTANTES QUE LA FELICIDAD». Fundidos en persecuciones, batallas cuerpo a cuerpo, género contra género. Yo... Una mujer que te coge sin piedad.
Relajados, con los brazos abiertos en cruz hacia el cielo, cabeza contra cabeza, acostados sobre la hierba, te confieso que odio a Arjona. No me gustan las copias defectuosas de Silvio Rodríguez. Que estoy por publicar un estudio comparativo entre los dos «compositores». Él contesta que le vale. Me vale. Lo que quiero saber es si me querés de verdad. Contestá. ¿Me querés tanto como yo a vos, o sólo me querés para tener sexo?
Y vuelve la mula al trigo, ya te dije lo que te tenía que decir al respecto, y si insistís te contesto lo mismo: ídem, ídem. No te me pongás melodramático. ¿O querés que te cante «Como yo te amo», de Rafael? Todavía estás a tiempo. Jajajá, qué chistoso. Sabés que no me lo trago. Pero lo mascás pipe, lo mascás...
Comamos de esos hongos. Silencio. Te ponés de pie. Me levanto y te sigo. Temeraria. Si en verdad me querés, dame una prueba de amor, comamos de esos hongos. Yo no los conozco, pueden ser venenosos. Pues yo tampoco los conozco, traje una navaja, un limón y sal. ¿Y quién dice que se comen así? Lo leí en un cuento y me pareció convincente. «PREMEDITACION Y ALEVOSIA» Todo lo tenías planeado. Sí, pero no pregunté por los hongos. ¿Y si son venenosos? Veo que hay de dos tipos.... No importa. Si agarramos el color equivocado va a ser más romántico, nos morimos juntos, mi amor ¿Acaso no sería maravilloso?, dos seres que se aman tanto. ¡Nos abrazamos fuerte y ya! Bueno tal vez tengás razón. Cortás hojas de plátano y me las pasás convencido. Yo te mato dos veces, si te morís, si me dejás solo.
Improvisamos una canción india llamando de una vez por todas a la lluvia, parecía tener resultados. Corrimos, danzamos, brincamos y tropezamos, «Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva...», bailamos la danza de la lluvia. Giramos y giramos sobre nuestros cuerpos cantando «Mariposa technicolor».
Vos cantando: «Tú, sentada en una silla. Yo, de pie con expresión de lord. Tú, desnuda y con sombrilla. Yo, vestido pero con calor...»
Cortás hongos en cuadritos, los ponés sobre el minúsculo plato de hojas. Le exprimo gotas de limón. «Está lloviznando sobre dos cuerpos en movimiento. Una loma, un potrero, vaquitas a lo lejos. Está anocheciendo» .
«Tú, besando tus rodillas. Yo, discreto, pero sin rubor... Tú, con un ritmo tan lento, buscando un alimento frotado con alcohol. Yo, de pronto ensimismado, mirándote alelado colmada de rigor»
Le pongo las últimas gotas. Le ponés las últimas gotas de limón y la sal. Hacemos un plato extra sin sal y sin limón. Me acompañás en coro. «Tú, ardiente y sin capilla. Yo quitándome el sombrero... pero túuu ...» .
II
Después había que parar la lluvia. «San Isidro labrador, quita el agua y pon el sol, San Isidro labrador, quita el agua y pon el sol...» Y después la tormenta. Al fondo el volcán, Piedra Quemada es un hueco oscuro, un abismo, venir a refugiarnos en este lago de mierda de vaca. «Pero túuu...». Le cuento una historia de amor. «Un hombre casi atropella a una mujer. Él es guapo, tiene dinero, años después la opera de hemorroides y allí se enamoraron en el hospital. Sólo que ella no quedó ciega, es más no está paralítica y se recupera rápidamente de su enfermedad». Que muy aburrida. «¿Por qué, creí que te gustaban las telenovelas?»

III
La verdad, vos sí que sos temeraria. Te subiste al palo huyendo de mí —en ese aguacero, creías que yo era un oso verde. Y te lanzaste desde arriba. Fue un milagro que me cayeras encima y no te quebraras las costillas, y qué es lo que mirabas abajo. Se te miraba en los ojos las ganas de tirarte. Una poza azulita que me llamaba. Yo le decía, sos vos mi amor, sos vos, y la poza me contestaba con tu nombre. Sentí que eras vos. Menos mal que te agarré. Si te hubiera agarrado al mismo tiempo esa cosa ahí, si que me hubiera jodido. Yo me comencé a sentir un basurero tipo Aróstegui, todo lo miraba así de latas, brillantes pero latas viejas, carcomido y brillante. Algo así como monotemático y vacío aunque de alguna manera atractivo. Y ¡plaf! te agarré, te agarro entre mis brazos, te quedo viendo y eras igualita a una sirena, sos una sirena pero al revés, la sirena de Magritte, pero aún así me gustaste, te tapo la cara para abrirte las piernas. Lo que hacés es ahogarme, estás ahogándome con tu pañuelo, no me tapés la nariz. A mí sí que me dio fuerte, primero no sentí nada viéndote correr desesperada a encajarte en el guanacaste, cuando caíste me pasaba lo de las latas, de pronto te volviste cara de pescado pero con piernas, después fuiste medusa. Cuando me perseguías con el palo para matarme las culebras de la cabeza a mí ya casi me había pasado. Y vos de pronto cuando ya sentía que me partías en dos la cabeza, gritaste y tiraste el garrote al suelo ¿fue por amor, decime, por puro amor? Seguramente también fue por eso, pero principalmente fue que se movía todo feo ese palo, parecía gusano medidor, y me hablaba. ¿Sabés qué? no recuerdo a qué hora regresamos. En la madrugada, como a las dos. ¡Puta! ¿Y quién nos trajo? Creo que nos vinimos solos. Otra vez ¡puta!
IV
Un automóvil se detiene frente a una iglesia blanca neoclásica llena de gente con rostros aparentemente felices y alborotados. Del carro blanco se abre una puerta, de un zapato sale un piececito, del pie sale una pierna y de la pierna una novia curvilínea y escotada. Inicia la marcha nupcial de F. Mendelssohn que anuncia la entrada. La mujer es llevada del brazo por un caballero y es tomada por el novio o recibida en la iglesia. En el altar, mientras el padre habla y habla, ellos intercambian miradas lascivas que parecen conversaciones largas e inentendibles... Suena la marcha nupcial de salida del Lohengrin de Wagner. La gente como hormiguero sobre la miel los rodea, gritando y llorando; están alborotados imaginando la cópula de la primera noche, tiran arroz sobre sus cabezas. Abrazos y besos para satisfacer al público. Una lágrima de la novia, el ramo lo tirará durante la fiesta.
¡Ay, pipita! Tengo un dolor de cabeza asesino. Y ¡qué calor hace en este carro! Es la goma que te andás, amor. Qué hartada de champaña con cerveza y ron la que nos dimos, más los hongos, qué clase de intoxicada. Creés que aguantemos la fiesta. Lo dudo. Ya me imagino la cara de mi suegra buscando la botella que robó y que dejó escondida. Vos, cómo hiciste para despertarte. Mirá: el cielo Van Gogh. Está lindo. Me acabo de despertar. A las tres y media me desperté, en media hora me vestí, creí que me ibas a dejar como la novia de Tola. Yo creí que vos te ibas a dormir. Es increíble. ¿Vos arreglada en media hora, lista para casarte? Es que no me puse medias, ni fustán, ni calzón, todo se me olvidó, hasta se me olvidó echarme desodorante. Mejor así, te agarro en tu jugo. ¿Te bañaste? ¡Claro! Vos sos un grotesco. Sabés que tenía todo el pelo untado de mierda de vaca, y creo que fuiste vos que me llenaste. Dé vuelta a la derecha en la próxima esquina señor, por favor. Metés la mano debajo de mi vestido, constatando lo que te dije. No llevo ropa interior. ¡Dejá! Qué no ves que el chofer ya se dio cuenta. ¿Por qué giramos para acá? Vamos para la casa. ¿Y la fiesta? Me vale. Estoy de goma. Yo también. Y estoy cansada. Yo también. También estoy deprimida. Yo también. ¿Y decime, pipe, a vos también te está bajando la regla?

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