martes, 16 de diciembre de 2008

Los perros y las perras [a propósito de los conflictos del poder cultural del momento]

Los perros mejor entrenados se saben de memoria
los poemas más famosos de Lorca y de Neruda.
Otros, entusiastas y cobardes
no tienen miedo de decir lo que piensan
corren riesgos de que los nombren “perras”
[Ser nombrado “perra” es denigrante]
—Pero es sólo al principio, luego se corren y dejan que los otros
les muerdan y les saquen la sangre.
Otros, es mi caso, se encierran en las esquinas
orinan y delimitan su terreno
elaboran contrapropuestas bien argumentadas
[Hasta ni duermen por estar investigando]
Luego, los perros educados se acercan
y ofrecen protección si se está de su lado.
La sangre de perro y perra se agita
y al final todos resultan con alguna mordida
más o menos grave.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El amor es una forma geométrica irregular

Temprano. Desperté
para ver el paisaje de tu cuerpo
a veces magnífico,
a veces misterioso,
y sé que no puedo morderte
alimentarme de tu carne,
sos inalcanzable, irretenible.
La pereza me carcome
en esa parte de no querer ver gente
por eso es que te busco
caballito de mar
caballito de feria
para recolectar, ordenar, coleccionar
pedazos sueltos, algo
que no sé si me hará feliz.
Solución recurrente:
tu voz da lecciones colonizadas
«La felicidad es una pistola caliente»
¿o transculturizadas?
No sé si te comprendo
por eso me conformo
con luchar por entrar en mí misma
abeja en su panal de miel
miel en su panal de abeja.
Allí, corazón,
cuando pases por esa puerta
el hilo de acero cortará tu cuello,
entonces te partiré haciendo formas irregulares,
quizá tréboles, quizá cerezos,
después,
voy a comerte.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Navidad en Managua

El día está soleado y caluroso a tal punto que sobre el caminito de tierra el vapor transparente reverbera y se eleva hacia un cielo azul apenas moteado por unas nubes blancas.

—¡Corré, corré! Si no querés que te mate— Grita el más alto, mientras persigue al más pequeño y gordito de los tres.

—¡Agarralo, agarralo, que no se te escape!

Los muchachitos corren a gran velocidad hacia las ventas de comida humeantes y entre las sillas plásticas de los restaurantes improvisados del malecón de Managua. Hasta que Simón Pedro se tropieza y cae aparatosamente rozando con su pie derecho uno de los tenamastes que sostiene una porra con sopa hirviendo. Por un momento intenta levantarse pero no puede y suelta al fin de sus pequeñas manos un pez plateado que todavía se retuerce en los estertores de la muerte por asfixia.

Abel y José Daniel frenan de golpe la carrera al punto que sus pies esquían un poco sobre la mugrosa acera.

—¡ Híjoela!, ¿te jodiste?— pregunta Abel.

—¡Simón!— grita José.

Los dos corren donde el chavalito inerte, ven el pescado avanzando hacia la carretera gracias a sus convulsiones pero ya no les importa. Se acercan al cuerpo del compañero y le soban la espalda con algo de miedo hasta que de pronto Simón comienza a retorcerse de las carcajadas. Acto seguido los compinches le comienzan a dar golpes que no van en serio sobre la cabeza y la espalda. Al rato se abrazan sin decir nada. Se han reconciliado.

Esta tarde, tal y como lo habían acordado escriben a como pueden su carta para el Niño Dios, ya va a ser navidad. Pero algo sucede más tarde. La noche besa Managua con furia y cada cauce, cada grieta se inunda acarreando una gigantesca masa de botellas plásticas que se enrumba hacia el lago. De madrugada una enorme figura se posa frente a una de las casas hechas de ripios de madera y zinc, es la casa de Abel, uno de los niños que vive frente a las desaguaderos del Gran Lago. Cuando se levanta admirado ve una nata que poco a poco toma la forma de una enorme ballena azul.

Muy temprano en la mañana los chicos se reúnen a planificar las acciones del día y alguna estrategia para conseguir fondos para comprarse algo para desayunar. María de la Concepción, la hermanita menor de José Daniel los ha seguido, ellos a regañadientes la aceptan. El plan es el siguiente: van a recolectar botellas plásticas para venderlas como material de reciclaje. Les pagarían C$ 2.00 córdobas por libra. A ver, un quesillo cuesta C$ 5.00, un refresco de cacao C$ 3.00. Hay que hacer cuentas, menos mal que Abel sabe algo de números. 5 + 3 = 8 x 3 = 24… ¡Pero está María! Y ella los queda viendo con sus ojitos de zarigüeya, como hipnotizada… 24 + 8 = 32 ÷ 2 (Que vale la libra de plástico)= 16. Necesitan recolectar 16 libras de plástico. Nada menos. La única solución es comprar dos refrescos y dos quesillos para luego compartirlos.

Los trabajadores de la alcaldía comienzan a poner luces y ornamentos para el nacimiento que engalanará la plaza capitalina para las fiestas navideñas. Luego de un rato de andar de estorbo se van a los desaguaderos. Allí está la enorme nata con forma de ballena azul que ya comienza a desintegrase.

Armados con unas ramas Simón Pedro y Abel luchaban por jalar las botellas flotantes hacia la orilla, mientras José Daniel y María de la Concepción se estiran poniendo sus fuerzas al límite para alcanzar y recolectar en un saco su pequeño tesoro.

Es una mañana alegre, todo parece brillar después del inesperado aguacero. Los trabajadores concentrados en sus labores sueñan quizá con que les adelantan el aguinaldo, las señoras gordas dueñas de las comiderías ambulantes calculan mentalmente el monto de los préstamos para invertir en sus negocios, si esta es una buena temporada, y al fondo del lago se divisa una pequeña lancha con pescadores dueños ellos de sus propios sueños. Si tan sólo levantaran el rostro para examinar el cielo podrían ver cómo una enorme nube negra se estaciona sobre la parte sur de Managua.

Apenas hay un momento en que una nube blanca interrumpe al sol, los niños ni siquiera se dan cuenta sino hasta que de pronto y de un solo golpe una enorme correntada se dispara con fuerza sobre ellos. Simón y Abel se aferran a sus ramas y gracias a ellas son catapultados hasta el borde del cauce y se arrastran para salvarse. María y José son arrastrados hacia las profundas y turbias aguas del Xolotlán. Para ellos todo ha ocurrido en cámara lenta.

Simón y Abel abren sus ojos y la boca en expresión de horror e impotencia. No dicen nada, hasta que una señora comienza a gritar:

—¡Jesucristo! ¡Ay, a esos niños se los lleva la corriente! ¡Auxilio, auxilio, auxilio!

Y comienzan las acciones de rescate entre gritos y aspavientos. Abel y simón Pedro habían tragado agua de cloaca y ahora tocen y vomitaban. Hasta que al fin dicen:

—Nosotros estamos bien, ¡salven a José y a su hermana que se los tragó el lago!

La madre de los desaparecidos surge de la nada, grita y llora dando muestras de desesperación y angustia. Uno de los trabajadores de la alcaldía estuvo presto, se saca los zapatos y se lanza al agua que ahora luce gris y turbulenta. Mientras el hombre sumergido busca en el fondo del lago, para los niños el tiempo se vuelve una cosa fantástica en que cada segundo parece una hora. Entonces comienzan a rogarle al Niño Dios que no les traiga ningún regalo, que se olvide de la bici y del DVD que ellos habían pedido, que se olvide del teléfono celular que el propio José había pedido pero que por favor les devuelva a sus amigos. Por favor, por favor, por favor… Por favor que se olvide hasta del regalo que María había pedido, por favor…

Entonces el hombre aquel emerge de pronto y con su mano jala un bulto largo y aguado, es José. Otros hombres y mujeres reciben el cuerpo para ver cómo pueden socorrerlo, mientras que el hombre se sumerge nuevamente.

Los dos niños juntan cerebro y alma rogando con toda su potencia vital «Por favor, por favor, Niño Dios, que resucite» Y el hombre sale con un segundo cuerpo en la mano. María de la Concepción está irreconocible, se parece más a una bolsa de basura llena de lodo y desechos que a una pequeña niña de tres años. Y nuevamente las manos sobran tratando de ayudar a la recién rescatada. José ya comienza a dar señales de vida, pero la niña no. El grupo de gente trata de reavivarla pero desde lejos casi no se ve nada. «Por favor no nos regalés nada para navidad, no nos regalés nada nunca más, pero salvá a la María ¡Por favor, por favor, por favor Divino Niño Jesús, ¡por favor…!»

Y el milagro se hizo, María comienza a toser y a vomitar agua lodosa.

Mientras la gente sube a los sobrevivientes a un taxi rumbo al hospital. Abel y Simón tratan de buscar con la mirada al hombre aquel que salvó a sus amigos pero no pueden reconocerlo, podría ser cualquiera de los que están allí trabajando.

Abel y Simón Pedro se quedan viendo frente a frente, asustados todavía, pensando cómo demonios van a hacer para explicarle a sus amigos que ninguno de los cuatro tendrá regalo de navidad nunca más en sus vidas. Pero total, están muy agradecidos. Ahora planean ir a la Chureca, a lo mejor, quién sabe si no se pueden encontrar una lámpara mágica que les conceda tres deseos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Había una vez una mujer

Cansada de leer y contar pobrezas

Despertó. Eso dijo:

«Para ver con sus manos al mundo»

Parecía simple.

Abandonar el sexo

Renunciar a la sangre

Derrumbar vaginas dentadas, labios babosos de deseo

Y erectos campos de placer

A cambio del autoconocimiento

El antiguo y olvidado cuidado de sí

Que implica el amor a los otros

Ese día la mujer renunció a mirar al mundo

Con aquel único ojo que le habían enseñado a usar

Un ojo voluptuoso con grandes pestañas oscuras cargadas de misterio y deseo…

Con un apetito infinito por la vanidad

Aprendió a usar su otro ojo

El ojo herido, el ojo desenfocado, el ojo que por defecto

Completa la visión globalizante con conocimientos prehistóricos

Y es que la prehistoria es lo que existe antes del texto.

Este es apenas un pretexto.

Ojalá, espero con ansias

Que escriba un joven, una joven

Sus primeros postextos.

martes, 7 de octubre de 2008

ANIMAL INÉDITO/ MONÓLOGO DE UNA POETA MENOR

Allí estaba. El joven aprendiz de patriarca, con su lengua de hormigas bravas alimentadas con menta y licor de espinas. Vino para que yo resolviera esta pregunta:

«¿Qué tipo de animal sos?»

Entonces y ante aquella interrogante vacié mis bolsillos

pasé las manos por cada grieta, por cada accidente que he sufrido

y pienso, pienso, pienso… ¿Qué tipo de animal soy?, ¿Qué tipo de animal puedo ser yo? Un animal feo y poco llamativo, un animal sexuado,

un animal amarrado a un árbol de aguacates morados,

un animal anónimo, un animal opacado.

Ante esto, el límite se transforma en vértigo que también me interroga:

«¿Qué tipo de animal no sos?»

Sobre todas las cosas, no soy un animal que está en venta.

Soy más un animal alimentado con papel reciclado que vomita por sí solo

y no uno de esos que brilla y saca pecho a costa de parentescos

o amistades con letrados bergantes.

Soy un animal arisco pero osado, un animal astuto que se inventa a sí mismo,

un animal que se reescribe permanentemente,

Soy un animal que vive de su propio crédito,

un animal inédito con sangre, fuerza y presencia de mujer.

Cuando el joven de gafas regrese con su barbita de chivo a retirar la respuesta ésta es la que le daré: «María, ese es el nombre de este animal inédito.»