miércoles, 15 de julio de 2009

CUANDO EL DOLOR ES OBVIO Y LA MADRE ESTÁ PRESENTE

Conozco un dolor muy grande
Uno que abre y revienta por dentro
Uno que mancha de rojo y humedad la piel de mi cara
Uno que calienta y agita con fuerza el interior de mi carne
Uno que me hace decir cosas que no quiero en voz muy alta
(O sí, sí quiero pero no quiero que lo sepan.)

Conozco un dolor que se asoma desde el décimo piso
De un edificio del último mundo
De una ciudad cualquiera en este planeta.
Mi mundo, mi ciudad diminuta.

Mi dolor es todo y no es nada
Pero no es prestado. Es auténtico.
Lo sufro, lo soporto y ruego que pase
Espero a mi madre
Quiero que llegue y que me diga mientras me acaricia
Como si yo fuera un animal herido:
—Ya pasó, María. Todo va a estar bien, María. El dolor pasa, María.

Es que la debilidad de mi madre es el amor a los animales.

martes, 30 de junio de 2009

LA SOSPECHA

Los pasos en el piso de arriba parecían los de un animal cansado, gordo y ancho. Yo le había contado a Bernardo que algo estaba cambiando.
Anoche me desperté súbitamente cuando escuché que alguien caía como un costal de papas sobre las gradas. Luego, un grito largo, estridente... ¡terrorífico! Por último, una voz de hombre que decía: «—May I help you?» Después hubo un largo silencio que se estiró hasta que los pájaros negros del invierno otra vez cantaron.
El tumor que nació en mi axila es cada vez más grande. Siento que crece durante la noche, por eso mis insomnios, la dificultad al respirar, y las pesadillas con estampidas de búfalos salvajes en medio de las avenidas de esta ciudad del acero.
Esta mañana, como ha ocurrido siempre, seguí las huellas de destrozos que ocasionó mi hermano, reparé lo reparable y limpié lo que era posible limpiar. Él me ha dicho que juguemos un juego absurdo en el cual sólo somos hermanos imaginarios... me quita la cordura porque hace lo posible para que yo entre en su juego estúpido. Hasta sospecho que con él llegó también esta enfermedad que aprieta mis pulmones, me rasca en el pecho y la garganta, y se instala en mi axila izquierda como un latido caliente.
Hoy por la tarde vi a un hombre entrando al edificio con una pala. Una mujer muy nerviosa lo seguía. Lo extraño es que si ya no está nevando ¿Para qué necesitan la pala?
Le escribo una nota a mi hermano, es bueno que tengamos distancia, al menos es lo que decía mi abuela muerta en el sueño del sábado.
Mientras me duchaba escuché algunos ruidos extraños que venían del piso que está justamente sobre el mío. No tengo idea de quién vive allí; supongo que es un hombre porque de vez en cuando se sabe que alguien está haciendo el amor con él, las tablas del piso traquetean. Hasta puede uno imaginarse que él le aprieta el cuello lo suficiente como para que ella le dé más placer con el éxtasis de la asfixia. Él le da un golpe en la mandíbula y ella lo mastica con su potente vagina dentada.
Pero creo que esta vez los ruidos no son resultado de placer. Alguien llora despacio.
Bajo el volumen del agua que sale del grifo. Los imagino cortando el cuerpo en pedazos sobre la bañera. ¿Mi bañera estará debajo de la de ellos?
Salgo del baño. Ahora se deben estar abrazando, están teniendo sexo o se están estrangulando mutuamente. ¿Pero, de quién será el cadáver? ¿Los otros vecinos habrán escuchado algo? ¿Por qué nadie llamó a la policía?
Hace días que siento un olor penetrante, fino, un olor a cosa podrida. Saqué la basura pero no era eso. Puse desinfectante y el mal olor se mantiene. A veces siento que soy yo quien origina ese olor tan apestoso.
Viene un policía a preguntarme cosas extrañas sobre una vecina embarazada que está desaparecida. Le digo que en esta ciudad nadie conoce a nadie y que no sé de qué se trata todo eso. No, nunca he escuchado nada raro. «Sólo el olor…»—se me escapó, nunca debí haber dicho tal cosa.
En el techo hueco de mi apartamento encontraron un dedo humano, un brazo cortado desde la costilla, como un pollo partido transversalmente. Mi hacha, único recuerdo de mi padre, fue decomisada.
Ahora vienen a decirme que yo soy responsable del asesinato. Que todas las pruebas me señalan: el hacha, los restos en el techo de mi cuarto, y una llamada anónima que hicieron a la policía desde mi propio teléfono. Aseguran que se trata de mi voz.
Mi convicción es que no pude haber sido yo, me hubiera dado cuenta. Por eso espero un juicio justo.
Bernardo no me ha venido a ver, así que no tengo a nadie a quien contarle que el tumor de mi axila está mejor desde que se reventó como un divieso y vomitó pus, que ahora, gracias a Dios, estoy durmiendo más plácidamente.

miércoles, 10 de junio de 2009

El “donjuanismo” ¿una herramienta de gestión de identidad masculina?

Un día de estos conversando con Ulises Huete sobre la figura de Don Juan Tenorio como mito popular me sentí como muy vacía, como que no tenía cosas interesantes qué decirle sobre este símbolo de la cultura popular y universal. Y me quedé reflexionando en torno a una pregunta que le hice a mi amigo: "¿Te molestaría que una parte tuya se conectara con el mito de don Juan?”

Ahora pienso que el donjuanismo es un elemento que de forma enmascarada o a veces directamente completa la identidad del macho, atribuyéndole “masculinidad”. El macho es más macho, más hombre de verdad mientras más se acerque a los antivalores de Don Juan: la promiscuidad, el egocentrismo, la frialdad o cinismo y la habilidad de hacer que cada mujer que él quiera se le entregue. Y es que estas características que parecen negativas pueden resultar absolutamente atractivas para la contraparte femenina porque puede representar un reto sin igual tratar de “salvar” o de “componer” a un tipo como tal. La mujer víctima de don Juan cae como mosca pero porque con su sacrificio esta jugando a la lotería: ser la ganadora, la que gracias a su belleza interna y externa es capaz de transformar al más macho de los machos.

Otra cosa curiosa: la imagen perfecta de la mujer de la que podría enamorarse el Don Juan es su opuesto: virgen, inocente, de alma noble, bella y si se puede casi asexual.

He notado que en la cultura nuestra este mito tiene una gran trascendencia. Muchos intelectuales veteranos hasta se dedican a escribir sobre sus incontables aventuras amorosas con sus discípulas en su época de potencia sexual y ahora ya en la ancianidad se deshacen en verborreas y remembranzas, conteos de largas listas de mujeres que se llevaron en el saco, y no estoy bromeando, se supone que esas enumeraciones monótonas son poesía y puede constatarse en la página final del suplemento cultural de los sábados. Conste que no estoy recriminando—y no soy nadie para juzgar—solamente observo y uso el ejemplo.

A lo mejor se trata de que el “donjuanismo” es una característica ansiada, codiciada por lo masculino, es decir una herramienta de gestión de identidad masculina. Me pregunto si el verdadero éxito del Don Juan es tener el poder de seducir a una mujer de su misma calaña como el deseo que tiene el Vizconde de Valmont por la Marquesa de Merteuil.

En todo caso, como le dije a Ulises, el mito de don Juan es superproductivo y tiene un público inconmensurable que crece y se expande a medida que pasa el tiempo, si no creen sospechen de las mujeres que tararean la música reguetonera o bachatera que está de moda porque ellas andan en sus corazones ese deseo de ser la que salve al Don Juan que canta que baila en el video clip (rodeado de mujeres voluptuosas) o que excita desde la radio de un bus cualquiera con rumbo a cualquier capital centroamericana

miércoles, 6 de mayo de 2009

Lo abyecto en la visión crítica del mundo narrativo de Mariana en la Tigrera de Ana María Rodas

Por María del Carmen Pérez Cuadra
Hay en la abyección, una de esas violentas y oscuras rebeldías del ser contra aquello que lo amenaza y que le parece de un afuera o de un adentro exorbitante, expulsado más allá de lo posible, lo tolerable, lo pensable. Está allí, próximo pero inasimilable. Solicita, inquieta, fascina al deseo que sin embargo no se deja seducir. Atemorizado, se aparta. Asqueado, rechaza.
Julia Kristeva, 1998


Ana María Rodas (Guatemala 1937) en su libro de narraciones cortas Mariana en la tigrera (1996) revisa las tradiciones patriarcales con una mirada crítica que (re)considera a las mujeres entre los agentes que crean, propician o resguardan los factores de la violencia, el maltrato intrafamiliar y el maltrato sicológico en el hogar. Sobre todo cuestiona la continuidad del incesto como práctica resguardada o cimentada por las mismas mujeres. El propósito en este escrito es demostrar cómo se usa en el discurso narrativo de Rodas la noción de consentimiento (consent) y cómo lo monstruoso o repudiable del tema del incesto es tomado como un elemento narrativo que corresponde a lo abyecto según la idea de Julia Kristeva o lo Unheimlich en las teorías de Sigmund Freud
En el caso de las mujeres de los mundos narrativos de Mariana en la Tigrera (1996), se puede detectar que parte de lo que las constituye en su papel de víctimas, es el silencio, la resignación y la complicidad con que sellan la posibilidad de romper con el círculo vicioso de la violencia.
En el discurso narrativo Ana María Rodas está presente el tema de la violencia como forma de vida de la sociedad guatemalteca. Por eso decidí estudiar “No hay olvido” (Mariana en la tigrera 1996) que puede resumirse así: un hijo mata a su padre en un acto de venganza porque el padre violaba a su propia hija. Al final, Linda (la hija) como una manera de “reconocimiento”, en el sentido de premiar, dar ánimo o apoyo fraternal, reconoce como héroe a su hermano justiciero, lo seduce y se le entrega sexualmente. El mundo narrativo del cuento está dominado por resentimientos, trastornos sicológicos, violencia, odio, seducción y contradicción. Carlos, el parricida, trama la muerte de su padre y cuando la ejecuta se libera con el disparo y con la frase: “―Por haber hecho mierda a Linda.” (31) Pero al final de la narración, la familia reinaugura el ciclo del incesto. Desde esa perspectiva es una familia moralmente destruida, dada la falta de perspectivas para romper con la tradición que impone el padre.
En el cuento, lo monstruoso, como “polo de atracción y de repulsión”, no tiene una representación material escatológica (sangre, secreciones, lágrimas, etc.) Más bien, la abyección se concentra en el horror, el asco y los momentos de violencia límite que acarrea el incesto como parte de la complejidad de las relaciones familiares. El deseo de matar al padre se incuba en el corazón de Carlos de una manera tan insana o desequilibrada que iguala o supera el mismo acto del padre que abusa de la hija adolescente.
Podemos denominar a ese sentimiento de los hijos por el padre y de los padres por los hijos como lo Unheimlich, según Freud:
Lo siniestro [unheimlich] emanado de complejos reprimidos tiene mayor tenacidad y, prescindiendo de una única condición, conserva en la poesía todo el carácter siniestro que tenía en la vivencia real.
O como lo abyecto, que según. Kristeva,
Es lo rechazado de lo que uno no se separa, de lo que uno no se protege como de un objeto
Para Carlos, matar al padre es un problema que fluctúa entre el acto irracional o fuera de la lógica moral, y el acto justiciero que lo obliga a detener a su padre, aunque Carlos ama a su padre y no puede alejarse y salvaguardarse de él, tiene que matarlo, y este parricidio funciona como un mecanismo de ruptura con la realidad circundante. Un rompimiento que a fin de cuentas no se da, sino que marca una continuidad. Carlos repite el acto incestuoso protagonizado antes por su padre. El odio del hijo hacia el padre se desarrolla de manera compleja. El padre nunca agrede al hijo sino que le dice que lo quiere, es más le confiesa “la verdad” en circunstancias que la memoria de Carlos olvida.
El padre lo miró dolorosamente, le cogió una mano entre sus manos de venas abultadas y Carlos no pudo retirarla. No quiso retirarla. Sentía mucha aprensión ante la posibilidad de estar afuera. (35)
El asesinato o “ajusticiamiento” del padre consumado por el hijo se puede tomar como algo claramente abyecto. Al respecto dice Kristeva:
Todo delito, en tanto señala la fragilidad de la ley, es abyecto, pero el delito premeditado, el asesinato tortuoso, la venganza hipócrita lo son más aún porque redoblan la exhibición de la fragilidad de la ley (Kristeva, 114)
Linda, que tiene doce años cuando Carlos se entera que es abusada por el padre, sobrevive a la perversión del padre con el silencio, no le cuenta a nadie lo que le pasa. Es una niña acomodada, con carro, chofer y servidumbre. No tiene ningún tipo de problema político o económico. Es una niña que nunca llora, quien llora es el hermano: “El alzó su rostro agonizante y la abrazó y lloró durante un rato” (37)
A pesar de que Linda calla para proteger a la madre “débil”, ella se considera a sí misma y a su hermano como fuertes “Vos y yo somos los fuertes” (38), le dice a su hermano. Es decir, las diferencias entre la madre y la hija están marcadas en una división binaria fuerte-débil. La madre es la otra, “la débil” y Linda es, a la vez, la otra de la madre. Pero de todas maneras, a Linda la fortaleza o la valentía no le sirven, lo que usa son las viejas artimañas estereotípicas asignadas a las mujeres por el orden patriarcal: la seducción y la manipulación. Linda encanta a Carlos, su hermano, con su pose de “virgen dolorosa” (40). Ella no es capaz de matar con sus propias manos al padre violador, ni siquiera hay un acto de desprecio al padre, más bien hay un apaciguamiento de su conducta después que el padre la usa sexualmente. No llora, no grita, no patea, no intenta atacarse a sí misma, se queda con el “rostro encendido” sin decir palabra. Cuando llega a hablar tiene el deseo implícito de seducir al hermano, convencerlo para que mate al padre.
Linda adopta un papel de espectadora durante el desarrollo del relato, especialmente con respecto a la conducta del hermano que agrede y quiere matar al padre para vengarla. Aunque la niña no está presente cuando el hermano mata al padre, era algo que se había gestado entre ellos de manera cómplice. Es muy importante remarcar que no está claro el momento en el cual Linda se entera o se vuelve consciente de que es una niña abusada por su padre. De la lectura puede deducirse que Linda se da cuenta de su situación hasta que aparece la figura masculina (el hermano) para enterarla:
La primera vez fue cuando él tenía catorce años. Linda no podría haber tenido siquiera doce, y sorprendió al padre con ella sentada en el regazo, pasándole despacio las manos por los muslos. La niña tenía los ojos encendidos y las piernas separadas.
[…]
―¿Qué te hizo el desgraciado?
―Lo que me hace siempre. (32)
Surgen en este punto algunas interrogantes: ¿realmente se da cuenta de que es abusada o ha aceptado Linda un rol de intercambio sexual, sin percatarse de ningún poder emancipador propio? ¿Acepta ser un objeto de uso y deseo?
En realidad, la “emancipación” de Linda solamente se advierte gracias a la mirada masculina del hermano. El punto de vista narrativo omnisciente deja ver que es él quien la reconoce como la víctima. De esta manera la emancipación como proyecto no se da como propio (de Linda) o quizá sí se vuelve personal pero como proyecto administrado por un “libertador” masculino. Algo interesante es que las novelas nacionales escritas por mujeres en Centroamérica, con escasas excepciones, carecen o no incluyen a una mujer libertadora .
Linda observa desde lejos el pleito entre padre e hijo como si fuera algo ajeno, su voz como agente liberador no se escucha. Sin embargo parece alimentar con sus actos seductores, manipuladores el deseo de Carlos por poseerla y por matar al padre.
Antes era peor. Pero no, para qué te voy a contar. Ya pasó. Está pasando. Y dentro de poco podremos hacer algo. (38)
Aunque Linda usa sus posibilidades de ser objeto de uso sexual para conseguir la venganza [el consentimiento (consent) le da algún grado de poder], de todos modos ese acto no lo hace como autogestión personal que la beneficie suficientemente como para liberarse del poder patriarcal.
En la terminología de Kumkum Sangarí , una de las formas de “empoderamiento” es el consentimiento (consent) el cual se refiere al logro de ciertas mujeres que pactan con los que tienen el poder y obtienen ciertas cuotas de beneficio. En cambio agencia (agency) implica una iniciativa organizada de sujetos comprometidos con la justicia social y la igualdad de derechos.
En el relato “No hay olvido” puede verse claramente la tensión entre consent y agency pues las mujeres caben como sujetos de la aceptación o el consentimiento de las reglas patriarcales. Aunque el consentimiento les da algo de poder, muchas de las figuras femeninas de Rodas no consiguen manejar o apropiarse concientemente de una cuota de poder para agenciar espacios de autorrealización a favor de cambios en la estructura de dominio genérico. Para crear alternativas de agencia o agency ellas podrían, primero, acomodarse dentro de los roles que el sistema patriarcal les ha asignado [aceptación del papel de subordinada o dependiente (consent)] para luego obtener a cambio de ese consentimiento ciertos beneficios sociales y culturales.
En la narrativa de Ana María Rodas, el concepto de consent o consentimiento puede ser un elemento que ayude a explicar los mecanismos de algunos grupos subalternos frente al dominio patriarcal, es decir una especie de colaboracionismo con el poder a cambio de una cuota. En su libro de cuentos, Rodas representa muchos de los complejos neuróticos que afectan a la oligarquía centroamericana como clase que ejerce dominación, más que hegemonía sancionada por métodos democráticos. Las oligarquías centroamericanas han sido incapaces de crear hegemonía, y han dominado a las culturas otras, o subalternas, por medio de la violencia, particularmente en Guatemala, por medio de la violencia de Estado.
Por otra parte, el silencio de Linda deja un territorio abierto para otras formas de lectura, una de ellas puede ser la propuesta metatextual (o metaenunciativa), es decir, que el relato se propone como parte de su estructura conceptual, representar el espacio al cual ni la voz narradora (omnisciente) tiene acceso, espacio en el cual solamente Linda es dueña y señora. Habría que reconocer entonces, el valor simbólico del silencio.
Otro aspecto importante del cuento, que no puede pasar inadvertido, es el papel de la madre. Hay una completa falta de comunicación entre la madre y los hijos. Linda calla, el silencio es la respuesta a las interrogantes de la madre:
―Contame por qué rompiste todo en el cuarto de la nena.
Silencio.
―La nena no me ha querido decir nada. ¿Qué tenés? ¿Qué te pasó? Y trató de acercarse, pero la raqueta le rozó el pelo sobre la frente. Le dio miedo, sobre todo por la cara negra del hijo que parecía dispuesto a saltar sobre ella para deshacerle los sesos. (33)
La madre es una figura casi invisible, no tiene ningún poder, sus alternativas se ven reducidas a la evasión.
El padre se mantenía borracho y esta vez era él quien hacía viajes periódicos al hospital. La madre, temerosa de echarlo a perder todo, se iba a la calle y él [Carlos] se quedaba solo con Linda. (37)
Las salidas de la madre propician el ambiente en el que el deseo protector que siente Carlos hacia su hermana es sustituido por el encanto erótico sexual. La madre es un personaje que no actúa, no se entera. La acción más violenta que protagoniza es cuando cachetea al hijo, después le da “un ataque de nervios”. La conclusión de los hijos sobre la madre es que ella es “muy débil”.
En el mundo narrativo de “No hay olvido” hay una falta de alternativas al problema del incesto porque incluso la “institución mental”, que representa el sanatorio no es capaz de descifrar el silencio y el odio hacia el padre, el problema simplemente se adormila con tranquilizantes pero no se cura.
Por otra parte, ciñéndose al texto, el problema pertenece a la esfera de lo privado de una familia guatemalteca particular. Pero es posible encontrar en el relato, una representación alegórica de la nación, es decir, una representación de la esfera pública, si recordamos el argumento de Fredric Jameson , en el tercer mundo las narrativas individuales son alegorías nacionales.
Leído desde esta interpretación, en el cuento de Rodas, la familia es la nación, el padre es la oligarquía dominante. El hijo es la “nueva” alternativa o el sistema de dominación del momento, la llamada “transición democrática”, que a fin de cuentas hereda como una continuación la violencia de Estado, característica de los modelos de dominación del país. El discurso se vale de la representación alegórica del relato para decir que a pesar del supuesto cambio, ni la antigua oligarquía ni el nuevo sistema de dominio (ni el padre ni el hijo) logran articular la representación política y cultural de los dominados. La madre y la hija representan la falta de comunicación y alianza que garantizaría la agencia de cuotas de poder y representación de los grupos subalternos dominados por el Estado. La capacidad que tiene la hija adolescente de acomodarse al modelo patriarcal le permite adquirir cierto poder de manipulación sobre el sistema que la domina, pero debido, quizás a la falta de conciencia (sobre su propio poder “consentidor”), no le funciona como una herramienta para independizarse de ese sistema.
En el sentido alegórico del relato, puede estar sugerida además una crítica con respecto al problema de la ciudadanía, en el sentido de que en las familias centroamericanas, tradicionalmente símbolo y base de la nación (no del Estado), no hay una preocupación por usar de manera efectiva a la “institución mental” [en el relato es el sanatorio como símbolo de la disciplina “cívica” que proviene del Estado], es decir, los derechos civiles, jurídicos y políticos que le corresponden a la familia. La familia fuera de las épocas de elecciones, es vista por los grupos hegemónicos (políticos e intelectuales dominantes) como símbolo folclórico, como “el pueblo” (sufrido, alegre, servicial, sojuzgado) como una marca perpetua que no deja ver a un grupo legalmente compuesto por ciudadanos, con plenos derechos de liberarse ya sea de la pobreza económica o de la violencia de Estado. En el cuento se trata de una familia burguesa, y los empleados que atienden a la familia podrían constituir la presencia del pueblo subordinado. Puede considerarse entonces, que la familia al no reconocer sus derechos o no hacer uso de ellos, y a pesar de que tomen como recurso el centro de atención sicológica al que asiste el joven enfermo, deja de ejercer su calidad de ciudadanos y se vuelven sujetos que están fuera del espacio legal.
Finalmente, “No hay olvido” es un título que vale por sí mismo, porque en él, el discurso narrativo de la autora representa la violencia como forma de vida propiciada por el Estado y resguardada por el consentimiento de las mismas mujeres, que dominan el espacio íntimo de la familia, algo que no puede “olvidarse”, o dejar pasar inadvertido.


***Una versión completa se puede consultar en la base de datos del CIICLA.

Ganadores del concurso de Ensayo y Narrativa Corta


Ganador del Premio de Narrativa: Arquímedes Otoniel Hernández. ¡Felicidades!


Ganadora del Premio de Ensayo: Silmari Eliette Víctor. ¡Felicidades!

miércoles, 29 de abril de 2009

LECTURA DE NARRATIVA EN LA UCA: TRES NARRADORES NICARAGÜENSES


En la foto: Rodrigo Peñalba, Eunice Shade y Arquímedes González. En el IHNCA-UCA. Les agradecemos a los autores por habernos acompañado ¡Muchas gracias!


Mis apreciados y bien portados alumnos de comunicación social del grupo 0528


IDEM. Son mis alumnos del curso de Literatura Hispanoamericana de la UCA.


IDEM. Igual de apreciados y estimados.


En la foto: Arquímedes González, Eunice Shade, María del Carmen Pérez Cuadra y Rodrigo Peñalba

miércoles, 22 de abril de 2009

ARTE RUPESTRE EN JINOTEPE



Para aprovechar las vacaciones de semana santa y de paso hacer mi tarea para el Dr. Kuenne, decidí hacer una excursión a uno de los lugares con presencia de arte rupestre de los que tanto se habla en mi familia. Visité la finca El Jícaro, antes una hermosa hacienda cafetalera, ahora convertida en una no menos hermosa finca dedicada al cuido de caballos pura sangre.

Mi guía para la primera parte de la jornada fue César Octavio Delgado, mi cuñado. Él conoció hace más de 15 años una excelente muestra de arte rupestre en El Jícaro. Según César, en la quebrada que atraviesa la finca de unas 23 manzanas de terreno constituido en un 60% por bosque hay arte rupestre pero ahora ya no recuerda los detalles, sabe que había figuras antropomorfas y serpientes pero está seguro que esas que me va a mostrar aparecen en el libro Estas piedras hablan de Hildebrando María, es decir que ya están registradas.



Salimos a las 6:30 de la mañana, tomamos el camino detrás del Hospital Regional Santiago buscando la dirección que va para la comunidad El Zapotal, después atravesamos la zona de “La Perderá” y cruzando un camino serpenteante llegamos al “pozo” (de ENACAL) y desviamos el camino a El Zapotal y comenzamos a bajar y subir unos caminos de tierra, polvo y minas de piedra cantera, enrumbados hacia el camino que va hacia El Bosque y la comunidad Román Esteban. Cuando llegamos allí, es decir la zona noroeste de Jinotepe comenzamos a caminar hacia el sur, como si quisiéramos salir por el lado del cementerio de Jinotepe. Después de caminar unos 800 metros del gancho del camino hacia EL Bosque y Román Esteban hacia el sur dimos con la Finca.

El la finca había una señora muy anciana y sorda, y nada podíamos hacer para comunicarnos con ella. Yo padezco de un miedo pavoroso a los perros, y me alegré mucho al ver que los perros que cuidaban la finca eran mansos y muy pequeños. Seguramente están acostumbrados a que la gente transite por la finca. Al fin salió a nuestro encuentro don Filimón Chávez, el cuidador. Don Filimón es un hombre de más de 45 años, pero seguramente se ve envejecido por el trabajo rudo y la intemperie del trabajo en el campo, el caso es que el señor es una persona muy amistosa y humilde y así con una sonrisa en los labios nos explicó que el dueño de la finca es el noruego Petter Gaar (así entendí no sé si se escribe de ese modo) y que a éste no le gusta que la gente ande husmeando del “lado abajo” y nos señala la dirección en la que está el arte rupestre, que él nos da permiso pero que si vamos a tomar fotos que sea rapidito porque el dueño puede llegar en cualquier momento. Sucede que a los caballos de Gaar le han picado los murciélagos y están en proceso de curarles las heridas. Cerca del lugar en donde platicamos con Filimón se puede ver una tropilla de caballos de raza muy esbeltos, muy atractivos, fuertes y altivos. Hasta alucino y siento que nos ven con desdén desde su altura de caballos árabes.

Confiados en que César conoce el lugar, lo seguimos y comenzamos a bajar la quebrada atravesando una pendiente muy inclinada, me da mucho miedo porque no tengo espíritu de arqueóloga todo terreno, al contrario me fascina la comodidad de la oficina con aire acondicionado y acceso a Internet, pero no había vuelta atrás, bajamos casi gateando con la piel de gallina del miedo de tropezar con alguna serpiente venenosa o algo semejante… mínimo nos pican los alacranes, pensé. Total llegamos al fondo de la quebrada. Deseaba encontrar otro camino para no tener que subir por donde habíamos bajado.


El panorama era desolador, seguramente en tiempos antiguos aquel cauce había sido llenado por un caudaloso río, y ahora estaba siendo sustituido por desechos plásticos, basura de ciudad, latas y arena. Las piedras que conoció César ya no estaban en su lugar toda la topografía había cambiado por completo. Caminamos hacia el norte y no encontramos nada en un tramo de 500-600 metros, caminamos hacia el sur y no pudimos avanzar más que unos 10 metros, era imposible pasar por esa quebrada, había unas enormes piedras que daban hacia un guindo de considerable altura y no se divisaba nada interesante. Un paisaje árido compuesto de piedras absolutamente erosionadas, eso es lo que encontramos.

Allí no había nada qué hacer, más que regresarnos por el mismo inhóspito camino por el que habíamos llegado. No se divisaba por ningún lado otra salida, además prácticamente estábamos siendo devorados por los zancudos. Las nubes de chayules de El Tule me venían a la mente como un dulce recuerdo si las comparaba con la aflicción de que estos insectos nos enfermaran con malaria o dengue. Jamás se me ocurrió cargar con un tubo de repelente.



A pesar de todo pudimos subir y regresamos donde don Filimón, le explicamos que no hayamos nada y que estábamos tan agotados que dábamos nuestra excursión por fracasada. Él sintió compasión y nos dijo que si queríamos, nos guiaría al lugar que él conocía. Casi de arrastras lo seguí, no estaba segura ya de nada, los músculos de las piernas me temblaban y sentía un hormigueo caliente que se paseaba por mis extremidades. Fui. Lo seguí porque tenía que seguirlo.

Aunque don Filimón aseguró que el camino por el que él nos iba a llevar era mucho más fácil de transitar, no era tan verdad. Yo sentí que aquella bajada era peor y para colmo estaba recubierta por una hojarasca verde que hacía de pasta jabonosa. Y si antes, en la primera bajada no me había partido la cerviz, ahora estaba bien segura que aquello era altamente arriesgado.



Decidí no bajar, Leonel, mi esposo y César, mi gentil cuñado se fueron con don Filimón para sacar unas fotos y ver si me servían para mi tarea. Total los tres desaparecieron, se los tragó la quebrada y yo me sentía culpable por no haberlos seguido, y esperé a que me gritaran que no había nada, o que lo que había no me servía, pero al contrario lo que escuché fue un grito victorioso: «—¡María, vale la pena, bajá!» y me dejé llevar por la emoción y bajo el amparo protector de mi ahijada de 11 años comenzamos a bajar a gatas, como arañas, como en tobogán, con un cayado improvisado… hasta que llegamos al fondo. Mi corazón era un animal caliente que luchaba por salírseme del pecho.

La piedra con los grabados estaba al extremo derecho, si se está posicionado frente al lado norte de la quebrada, sus dimensiones son de unos tres metros de alto por unos 4 metros de largo, es decir que los dibujos ocupan un espacio rectangular. La pared es cóncava y bastante hundida, desde arriba la piedra se extiende como un paraguas que protege un comal sobre el que yacen los petrograbados. La luz es muy mala y no pude obtener buenas fotografías pero dibujé algunos detalles. La parte mejor conservada está compuesta por cuatro cabezas de serpiente que están dispuestas como en cruz, una cruz con base de espada y cabeza humana, caras de monos muy estilizadas y una figura entre cabeza de carnero y murciélago en vuelo, era difícil llegar a una conclusión. Luego había muchas otras figuras antropomorfas y otras que no sabría explicar de qué tipo de icono se trataba. Observé que en la parte baja de la piedra había huellas de excavación, una parte de las figuras está dañada por estas marcas, y hay además unos agujeros, como de una cuarta de diámetro (la palma de la mano), por el que entraban y salían bandadas de murciélagos. Dice don Filimón que el tiene 8 años de trabajar allí y que la primera vez que supo de los petroglifos le dijeron que esa era la casa de los duendes y que él no lo creía hasta que los tuvo frente a frente: son rubios y visten ropa salmón. Que unos hombres han excavado el lugar buscando un supuesto tesoro que está enterrado debajo de las figuras, que dejaron de excavar por miedo a que les cayera el paredón encima.

César nos ha explicado que las figuras que vimos no son las que él conoció y que ahora está seguro de que aquellas deben estar enterradas debajo de una enorme roca que impide pasar de la zona de donde antes excursionamos hasta este otro lado. Dimos por terminada la faena, estábamos suficientemente cansados para hacer algo más. Recogimos orquídeas y dimos las gracias a don Filimón.



De camino a casa hablamos de la presencia de arte rupestre en nuestra vida cotidiana pero en nuestras tierras a nadie se le ocurre siquiera aprovecharlas como recurso ecoturístico. En toda la zona de Carazo hay numerosas muestras de arte rupestre amenazada con la destrucción, la desaparición o el anonimato. Para muchos estas piedras decoradas no son nada, solo están allí porque sí, porque allí han estado siempre, no se dan cuenta que estas rocas grabadas son una marca de identidad, de cultura, de historia y que hay un gran trabajo científico por hacer para registrarlas, protegerlas, estudiarlas o conservarlas.

miércoles, 15 de abril de 2009

EXCURSIÓN AL SITIO ARQUEOLÓGICO EL TULE



Recientemente el IHNCA organizó una excursión a la finca El Tule como parte del curso “Arte Rupestre de México Oriental y de América Central: enfoques, documentaciones e interpretaciones” impartido por el profesor Martin Kuenne de la Universidad Libre de Berlín. A la actividad asistieron profesionales de diversas disciplinas de Nicaragua y México: docentes, arqueólogos, editores, directores de museos, estudiosos de cultura latinoamericana y otros interesados en el tema de la preservación del patrimonio cultural nicaragüense, ese es mi caso.

El objetivo de la gira consistía en comprender cómo es que se realiza el proceso de documentación de una muestra de arte rupestre así es que el Dr. Kuenne junto al arqueólogo nicaragüense Rigoberto Navarro se ocuparon de explicar cómo acercarse a las rocas sin causarles daños, las técnicas para recopilar la información, cómo llenar las correspondientes fichas, las destrezas que se debe desarrollar para poder calificar una información como científicamente confiable o no confiable, y la técnica apropiada para levantar un croquis del icono u objeto de estudio, investigación o interpretación.

Don José Solís el propietario de la Finca se mostró muy complacido por la visita e hizo gala de sus dotes de guía turístico y no paró en ningún momento de dar información valiosa relacionada con nuestro asunto de interés. Solís habló muy apasionadamente de la presencia de arte rupestre en su finca y cómo sus investigaciones lo han llevado a estudiar el origen de “El Tule” en Centroamérica, México y en Europa.


La excursión contó con al menos tres momentos, uno el del reconocimiento del sitio, recorrido por las zonas donde se encuentran los petrograbados, el llenado de las fichas y la realización de un dibujo a escala. Algo muy interesante del proceso de dibujo del petrograbado es que no se podían hacer a mano alzada sino que había que medirlos milímetro a milímetro partiendo de una grieta natural o de una marca importante de la roca para poder reproducir con bastante fidelidad el dibujo. Dos de las técnicas utilizadas fueron el dibujo a escala sobre papel milimetrado y un dibujo con marco de dibujar. Cada roca debía ser medida rigurosamente y cada dato topográfico debía ser anotado fielmente.


Después de un día entero de trabajo bajo el sol y bajo una inmensa nube de chayules (insectos de la familia Chironomidae) regresamos a nuestras casas, convencidos de que el oficio del arqueólogo no es nada fácil pero que es un trabajo inmensamente necesario y provechoso porque puede fortalecer el desarrollo de la nación por medio de los estudios científicos aplicados a nuestros bienes culturales. Finalmente el doctor Kuenne nos dejó una tarea: “¿Se puede hacer interpretaciones del arte rupestre a partir de las metodologías de análisis del arte moderno?” A ver cómo salen las respuestas.

viernes, 6 de marzo de 2009

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN NICARAGUA

Uno de estos días tuve la suerte de ser interpelada con preguntas relacionadas al día internacional de la mujer, el 8 de marzo. Yo no sé si al final alguien va a escuchar lo que dije, o si lo que dije fue coherente, pero el asunto es que me sentí afortunada porque es definitivamente un privilegio poder hablar ante un medio y enunciar los “malestares” que yo como ciudadana puedo tener.

Mi entrevistador insistía en que contara sobre situaciones concretas en las que había sufrido discriminación por el solo hecho de ser mujer, o que recordara situaciones en las que sentí “la desigualdad”. Mi posición subconsciente era negarme a contar cosas privadas y no contesté, evadí la pregunta con respuestas más generales y distanciadas. En esta ocasión tengo la idea de repensar en ciertas cosas que creo son importantes: ¿Qué significa esa “desigualdad” para las nicaragüenses? ¿Cuál es mi percepción de los grupos feministas y sus luchas en Nicaragua? ¿Cuál actitud es la que debemos tener como ciudadanas ante el sistema discriminatorio que existe en nuestro país?

En principio, creo que no se puede ver de manera aislada la discriminación por razones de género de la que somos víctimas las mujeres sin evaluar una serie de ejercicios amenazantes que también discriminan a la mujer nicaragüense en el entorno cultural y laboral. Ya se sabe que quienes abonamos, educamos, graduamos [aunque sea en una universidad de garaje] y hacemos crecer con esmerado cuidado al machismo… somos las mismas mujeres, pero además de eso hay un tremendo aparato segregacionista que opera en los medios de comunicación locales y en la legislación civil y penal correspondientes. Además una buena parte de las asociaciones de mujeres o grupos de mujeres feministas tienen un impacto limitado en unas esferas también limitadas y de corto alcance. Pero todo se conjuga divinamente. Por un lado los y las encargadas/os de hacer las leyes y de mandar a que se cumplan no tienen claro el horizonte de acción en referencia a la protección y amparo de las mujeres trabajadoras, tristemente pierden el tiempo en pleitos bizantinos que nada más hacen la corte al grupo de poderosos de turno que se disputan el poder. Y por el otro lado el gobierno sataniza al movimiento de mujeres trabajadoras, consigue que les corten las ayudas o subvenciones y por su lado las desventuradas feministas se desgastan en implantar modelos foráneos a nuestras realidades tan particulares, se enfrascan en dos cosas: una, los derechos sexuales y reproductivos; dos, la violencia intrafamiliar. Curiosamente estos últimos tipos de grupos de mujeres son los que obtienen con mayor éxito la mayor parte de financiamientos, y nadie quiere financiar a grupos de mujeres artistas, investigadoras, intelectuales o gestoras culturales. Mucho menos que exista un organismo financiero que se preocupe por amparar las luchas de las indígenas y las afrodescendientes.

¿Pero acaso no es un daño grave, muy grave hacia la sociedad entera que no exista la conciencia y las oportunidades para hacer y ver en la cultura un factor de desarrollo?

Nos devora fácil y sin prisa el monstruo del consumismo con cabeza de globalización y verrugas de antena de celular que reina en este momento. Veo con suma preocupación que la mayor parte de mujeres jóvenes, sobre todo, están poseídas por la mentalidad reguetonera, andan muy preocupadas porque le suban el volumen al radio, por la felicidad a corto plazo, a las que no les interesa leer pero sí disfrutar el momento y departir alegremente con los camaradas machoncitos en medio de frases obscenas acerca de las firmas en el ano de la que obsesivamente hablan en los buses los estudiantes universitarios [varones]. Estamos ante la cultura del reguetón. Siendo así, me pregunto: ¿Cómo van a enfrentar estas jóvenes la discriminación? ¿Qué actitudes van a tomar cuando vean que no alcanzan en los requisitos de edad, tamaño, talla, peso, preferencias religiosas, color de piel, preferencia sexual, color de piel o apariencia física, para poder ser candidatas a un empleo digno? ¿Y cómo podemos hacer nosotras para que los organismos financieros tomen en cuenta a la cultura como generadora de desarrollo económico, como generadora de valores ciudadanos?

miércoles, 18 de febrero de 2009

A propósito de El Chamán y la discriminación en Nicaragua

Ha llamado mucho la atención el hecho de que la diputada nicaragüense del Parlamento Centroamericano Bridgete Budier y sus acompañantes fueron víctimas de discriminación racial en una populosa discoteca de Managua. A propósito de esa situación quiero reflexionar sobre dos cosas: la falta de espacios recreativos-educativos y la diversidad de situaciones en las que se viola la igualdad de oportunidades y de derechos civiles en Nicaragua.

Es tristísimo pensar que los jóvenes hacen esfuerzos extravagantes y hasta asombrosos por conseguir acceso a estos lugares [hay muchísimos otros] y se maquillan de blancos, se prestan ropas, se vuelven anoréxicos y hasta sufren horribles cuadros de ansiedad y shoks post traumáticos cuando no los dejan entrar porque a pesar de sus esfuerzos todavía están muy gordos. Eso del derecho de admisión ha sido muy mal entendido. Lo extraño es que los jóvenes y adultos se sientes atraídos por estos lugares que los desaprueban, y se pintan de negro el bigote o todo el pelo para ver si así logran entrar porque si sos muy viejo ya te detienen en la entrada. ¿No hay otros sitios, otros lugares que nos den oportunidades a jóvenes y adultos para recrearnos y educarnos? Porque lugares como el que genera este comentario “educan” mal, nos enseñan que debemos sentirnos inferiores si no alcanzamos en un supuesto modelo de película gringa. Qué pena.

Con justa razón están protestando los ciudadanos afrodescendientes porque se sienten afectados y está muy bien que protesten, pero creo que se debe aprovechar este hecho como un momento que propicie la reflexión en torno a la discriminación. La sociedad nicaragüense es racista y discriminatoria. Hay colegios para gente “blanca”, colegios para gente india y pobre y hay colegios que no contratan si parecés pobre, sos gordo o gorda, o si profesás una religión que no sea la del centro de estudios. Yo, personalmente he llenado cuestionarios en los que preguntan si estás casada (o) civil y por la iglesia, si sos o no católica, quién es tu párroco, y que cuánto pesás y cuánto medís de estatura. Si revisan la sección de páginas amarillas con naturalidad pueden encontrar que dice que se busca a X profesional pero con buena apariencia, y con bajo peso y buena estatura. Ya se sabe que “buena apariencia” significa por lo menos llevar el pelo teñido, no parecer una persona “negra” ni mucho menos [es mi caso] “india”. Qué oportunidades de trato igualitario, por lo menos de trato digno, tiene todo ser humano que a pesar de ser muy capaz profesionalmente reúne una serie de características que han sido satanizadas por la sociedad nuestra, como por ejemplo ser gordito, indio, afrodescendiente, ateo, roquero, bajito o de rasgos muy lejanos del perfil griego.

Dos casos: a una mujer no la contrataron, ni siquiera la dejaron como candidata al cargo porque aunque reunía profesionalmente los requisitos para el puesto no era abiertamente lesbiana y parecía miedosa al hablar de temas relacionados con la liberación femenina. Otro, una mujer especialista en Ingeniería Industrial, graduada y con años de experiencia docente se va a un lugar que solicita un jefe de taller [ella tiene más de 13 años de ser jefe de un taller en el que sus subordinados son hombres], pero el que la va a contratar cuando la ve entrar se queda boquiabierto porque ella es realmente hermosa y luego se pone rojo furia y da la vuelta mientras comienza a gritarle a su asistente achumicado: ¡Te dije que quería contratar un hombre! ¿Qué va a hacer esta pobre mujer manejando a ese grupo de gamberros [entiéndase hombres]?

¿Cómo se sentirá una persona [nicaragüense] que además tenga una deficiencia física? ¿Cómo se sentirá una persona que tenga una opción sexual diferente? ¿Y a quién le importa cómo se sientan estas personas, al Mercurio, al Nuevo Diario, a La Prensa? Si estos últimos solo están preocupados por vender y llegar a sus “públicos meta”. Y finalmente me pregunto ¿Hasta qué punto nos importa y qué estamos dispuestos a hacer para generar un cambio?

sábado, 14 de febrero de 2009

Pedro León Carvajal y el cuento-cuerpo muerto en la mesa de disección


Se notará qué poco sueñan
los personajes de la prosa nicaragüense
[1]

Pedro León Carvajal (Estelí, Nicaragua, 1946), en algunos de los cuentos de sus dos colecciones Todos los días de mi muerte y otras ficciones verdaderas (1996) y Fracciones de algún total (1998) crea un ambiente de profundo distanciamiento del narrador con lo narrado a tal punto que algunas de sus narraciones podrían sugerir dos tesis implícitas, primero, la escritura es un proceso en el cual la experiencia de inventar la verdadera realidad narrativa es la de los sueños; y la otra, el cuento es un cadáver, un cuerpo desnudo dispuesto sobre la mesa de disección[2]. En otros de sus relatos lo que marca la dirección del discurso narrativo de Carvajal es la reflexión filosófica y el deseo de contar lo extraño (“Retablo de los enanos” de Todos los días), lo casi inenarrable (“El mudo elocuente” de Fracciones) y lo violento (“Tamagaz” de Fracciones).
Las dos colecciones de cuentos se complementan, tienen un carácter conceptual que es la búsqueda fenomenológica, la construcción y descontrucción del espacio real de lo narrado (mundo narrativo) como fin en sí mismo.
Todos los días de mi muerte y otras ficciones verdaderas está dividido en tres partes: “Su modo de mirar”, “Retablo de los Enanos” y “Todos los días de mi muerte (papeles póstumos de Remigio Reyes)”. Es el primer libro de cuentos de Carvajal, y es un espacio conceptual en el que la voz narradora está consciente de ser parte de una ficción. Como puede observarse en “Cuando Dios anda de prisa” (13) hay un cuestionamiento a la omnipotencia de Dios que podría leerse alegóricamente como una reflexión irónica acerca del poder del narrador omnisciente:
Él no era inmenso y plenipotenciario, sino común, casi insignificante inclusive, como cualquiera de nosotros. Con la diferencia que Él sabía anticipadamente la medida de todas las cosas. (13)
El narrador es Dios, es quien crea el mundo ficticio y mientras dure el relato hay vida narrativa. Sin embargo el narrador desconfía del lector implícito y lo reta:
A pesar de todo, el resto del día transcurrió normalmente. Hiciste varias llamadas telefónicas aunque tampoco demasiadas.
Las suficientes apenas para comprobar que nadie en este mundo iba a tomarse tu cuento en serio.
(14)
Pero el indicio que hay sobre distancia y narración en la propuesta del primer cuento de Todos los días de mi muerte se concretiza de una mejor manera en “Retablo de los enanos”


La realidad de los sueños como narratividad


“Retablo de los Enanos” es, por excelencia, el sueño como narratividad de lo vivido. En ese cuento Ismael Agareno de Carvalho entra en un estado de sueño premeditado, quiere entrar al libro que está leyendo, cae dormido, la página del libro que lee queda abierta en el número 262 y aparece en un mundo dominado por enanos. Una niña llamada la “descalcita” le habla de los sueños en un lenguaje poético enigmático. La belleza del cuento está en la capacidad de la narración de pasar de un momento cotidiano, un hombre dormido en un sofá, a la insólita extravagancia del sueño, que se produce en un país de enanos que viven sus vidas “normalmente”:
Todos gravemente disminuidos de tamaño, aunque ataviados con solemnidad y esplendor. Todos jinetes en unos caballejos del tamaño de perros o marranos. (88)
La descalcita habla con los espíritus, y el protagonista quiere posesionarse del sueño para recuperarlo durante su salida al mundo de vigilia.
Reconstruir de memoria el paisaje, burilar cada nervatura de hoja y cada escama de las patas de los insectos, copiar la profundidad del aire y la transparencia del agua en los charcos nocturnos. (90)
Como puede notarse, en el cuento hay una declaración y explicación del recurso del sueño como una herramienta metaficcional para el narrador. Parte del proceso de apropiación del sueño en cuento consiste en desarticular el sueño:
Todavía en aquella situación, todo se habría podido arreglar con acomodar unas palabras en cierto orden. Pero esas palabras todavía no están maduras, habría que ir lejos a buscarlas, y amansarlas, habría que desenterrarlas vivas, arrancarlas con las uñas del fondo de la arena. (89)
Pero entrar en el mundo que se debate entre los límites del pensamiento consciente y el sueño, significa también una metamorfosis:
Sintió crecer lentamente cada uno de sus cabellos, cada despavorido milímetro de sus uñas. Aumentaba o disminuía la velocidad de su respiración a contra ritmo de las palpitaciones de un invisible reloj orgánico [...] (87)
En este cuento la conciencia de narrar exige un creador [Narrador] que sea hábil en el uso de la construcción de sueños, en re-soñar y en “re-des-soñar” para poder traducir textualmente la verdad del mundo narrativo.

El cuento-cuerpo muerto en la mesa de disección


“Razones para detestar los espejos” (17), del mismo libro, tiene tres partes. En la primera parte, llega un hombre a visitar a una amiga, describe el ambiente, sus sentimientos, su deseo de “Concentrarme en responder a un sistema táctico de ropitas coloridas y sobacos perfumados.” (17), llega una nueva empleada doméstica a atender al protagonista, aparece la amiga. En la segunda parte, los familiares de la amiga aparecen para llevársela. En la tercera parte, el cuento se desmorona:
La verdad es que no había ningún mueble en aquella sala.[…] Ni yo ni ella hablamos, ni música ninguna escuchamos. […] No estuvimos uno frente a otro, en silencio, durante horas, oyendo desaprensivamente el remoto goteo de alguna llave mal cerrada y los lejanos ruidos de la calle. (19)
El proceso de construir el ambiente, la trama, los personajes, la atmósfera sicológica de las dos primeras partes es desarmado, desarticulado en la parte final. Es decir, lo narrado es sacado de la linealidad del espacio narrativo y se “descuartiza” en un afán por reinterpretar desde lo desconstruido, y que finalmente es deshecho/desarmado. Este mecanismo metaficcional no solamente alcanza en los conceptos de cuento de Cortázar, Poe o Quiroga[3], sino que además revalida a un texto que reflexiona sobre su propia constitución teórica-filosófica.
Incluso, Carvajal bien podría ser considerado un narrador neobarroco si se considera la influencia de Paradiso[4] (José Lezana Lima) en la construcción de sus mundos oníricos y delirantes, además, en la poética de Lezama impera la imagen, que a la vez implica narratividad.
En El narrador (1973), Walter Benjamin deduce, además del doble principio de narración e información como estímulos contrapuestos en el arte de narrar, que el moderno horror a la muerte y la presunción de eternidad en el que pretende instalarse el ciudadano moderno ha contrarrestado en cierta manera la autoridad que la muerte presta al cuentista[5]. Ese menoscabo de la omnipresencia y fuerza plástica de la muerte en la conciencia general de que habla Benjamin tiene como efecto, según él, que:
El arte de narrar se acerca a su fin porque se está extinguiendo el lado épico de la verdad, la sabiduría. (“El narrador”: 305)
En este caso, lo que más nos importa es la idea de la muerte no lo del fin del arte narrativo, que ese es otro problema ajeno a este trabajo.
La sección entera que corresponde a “Todos los días de mi muerte (Papeles póstumos de Remigio Reyes)” reconoce ese espacio solicitado por Benjamin, en el sentido de que el moribundo (en el caso de Carvajal, el muerto), asume en su propia muerte una forma de transmitir su sabiduría, su “vida vivida” es decir “el material del que nacen las historias” (314) En el momento que alguien muere construye su historia o mejor dicho la concluye. Allí aparecen diversos puntos de vista, fragmentos de su vida, totalidades biográficas, porque alguien muerto es alguien concluido. El proceso de rememorar “todos los días de mi muerte” implica además una autoridad y una distancia sobre lo narrado, nunca antes vista en la narrativa nicaragüense.
En general los narradores o los protagonistas de Todos los días de mi muerte están muertos, valga la redundancia, y están muertos porque constituyen la representación de un artificio escritural, dice el narrador en tercera persona al personaje principal de “Cuando Dios anda de prisa”: “Lo peor es que siempre acertás a despertar en la misma biografía. No sería ya aburrido?” (13) Se podría tomar esto como una auto reflexión o el autocuestionamiento del narrador implícito frente a la posibilidad de re-escribir su propia biografía en el acto de escribir una realidad narrativa, es decir repensar no sin cierto recelo la biografía como acto narrativo, escritural, textual.
Pero la tesis del cuento-cuerpo muerto en la mesa de disección podría leerse resumida en el cuento “San Ausencio de los Confines”, la trama se desarrolla como un sueño en el que Cleusa, que es una niña, recibe como pago por un vaso de leche, unas hojas de mango, corre con sus compañeras a consultarle a la abuela
“No vale nada”, les decía la señora. “Pero de todas maneras habrá que darle vuelto”. (cursivas del autor 50)
Para lo único que sirven las hojas de mango es para comprar un pasaje para un viaje en bus. Durante el viaje la protagonista se vuelve una mujer madura que busca y encuentra el lugar de su infancia. Pero también encuentra a su abuela muerta. Las personas del hogar de infancia la ven como la niña de siempre pero parece que ya todos están muertos. En la segunda parte del sueño, la protagonista encuentra a sus antiguas compañeritas poniéndole colores al rostro de la abuela muerta (“No era demasiada falta de respeto para la que cumplía casi once años de difunta” /55) Pero la abuela:
canturreaba sin sonido al otro lado de los delgados labios. Absorta en la tarea de soñarse muerta. (55)
A pesar de que la abuela está muerta se ve limpia y olorosa, arreglada, pero no tiene comunicación con la nieta
Pero había algo más: la tupida trama de aquellas arrugas componía también una minuciosa escritura de destino, que solamente a ella, a Cleusa Resende de Morais, le sería posible leer y descifrar. (55 /subrayado MCP)
Esa escritura minuciosa hace que la protagonista diga: “―Este ha sido el precio de mi vida, abuela”[…] ―“Y aquí te dejo el vuelto” (56) O sea que “el vuelto” es la parte que se escribe, lo que queda de una vida o un mundo narrativo, el cuento que el lector está leyendo.
En todo caso no estaría de más preguntarse ¿Qué significa ese cuerpo muerto? Lo más probable es que la muerte y el cuento destrozado (descontruido) sea una propuesta simbólica que funciona como un punto de contacto entre el deseo de narrar y sus posibilidades.


La escritura como estrategia de resistencia del intelectual


Por otra parte, “Animal del verano” ofrece algo muy interesante porque es un espacio narrativo en el que se hace pensar acerca de la libertad en las zonas marginales del intelectual (marginal) y un desquiciado mental que además es negro. Lázaro Ramakí está acuclillado bajo un “solazo” de verano, no habla ni parece interesado en moverse del lugar a buscar refugio, hay personajes que se expresan en forma de voces, que lo observan con un interés casi científico. El sitio en que Ramakí recobra su estado de realidad, indicado en cursiva, es la escritura:
Un día de tantos regresé a la realidad… y no había nadie. Entonces escribí. Lo que también fue llamar y llamar sin que la realidad tampoco respondiera. Sino por signos incompletos, o por preguntas sin sensata respuesta posible. (28 / Cursiva de Carvajal)
Hay una búsqueda del protagonista por dar con un sentido de realidad en su vida, pero:
De alguna manera habíamos encontrado equilibrio entre nuestras respectivas raridades. Encontrarnos era, mientras durara, rematar sin sentencias, sin conclusiones, cerrar con candado el cuerpo de meses y meses que no habían demostrado sentido. (31/Cursiva de Carvajal)
Por otra parte el canal de comunicación entre Ramakí y el mundo exterior es el contacto que tiene con los botines viejos[6] de alguien a quien llama “hermano”
El primero en despedirse fue el negro. Vino a darme la mano. Hermano, le dije yo. Pero en realidad de quien me sentía hermano era de aquellos botines viejos. (31/ Cursiva de Carvajal)
Al final el cuento es auto-borrado: “Herido mortalmente de tales plagas, el viento animal rasca y roe a fondo la estopa seca de estos parajes, donde tampoco hay nadie.” (32)
Los personajes de Carvajal son una especie de intelectuales marginales o lumpens, cercanos al ideal romántico-vanguardista del flâneur o el aburrido de las grandes ciudades. Pero Carvajal pretende darle trascendencia social a esta representación, por medio del arte narrativo y con una actitud de resistencia más estética y ética que política.
Con relación a esta idea, dice Sergio Ramírez:
el fracaso más evidente de estos grupos dominantes en Nicaragua, está en la ambición fallida de haber querido erigir lo vernáculo como la manifestación más alta de la cultura elitista de segunda mano.[…] En Nicaragua se usó durante mucho tiempo la manifestación vernácula en la narrativa como la expresión más alta de una falsa cultura popular. Cuando algunos escritores llamados vernáculos utilizaron en nuestro país el tema del indio, el tema del campesino, lo estaban haciendo siempre desde una perspectiva elitista. [7]
Los cuentos de Carvajal no tienen nada que ver con lo vernáculo, y su elitismo es más estético que social. Aunque su narrativa presenta tendencias exacerbadamente machistas, jocosas y a veces lineales, en general es metaficcional[8], esteticista y llena de significados alegóricos y filosóficos. A esta última corresponde una cierta musicalidad poética que puede constatarse en “Animal del verano” o en “Pensión Xalteva”.
Pero igual que en el resto de narradores centroamericanos, Carvajal no puede dejar de tocar el tema de la violencia. Aunque a veces en las narraciones del autor la violencia se observe desde puntos de vista a aparentemente neutrales, como en “Isolina” de Fracciones o “Anexo Menocal” de Todos los días de mi muerte.
El caso de la narrativa de Carvajal, podría verse como el del intelectual con un compromiso ético, que hace resistencia desde un posicionamiento estético que lo separa y lo hace refractario a la crítica local, y con pocas posibilidades de ser leído por el mismo público nicaragüense que lea la obra de autores más conocidos como Gioconda Belli o Sergio Ramírez, para citar a dos narradores nicaragüenses.


* Fragmento de tesis sobre la cuentística centroamericana actual, elaborada para optar al grado de maestría en literatura hispanoamericana y de Centroamérica en la Universidad Centroamericana Managua.
[1] Leonel Delgado Aburto. “Sobre Fracciones de algún total: una llamarada de savia” El País. Año 4, N°. 46 . P. 69
[2] Dice Walter Benjamin: “Desde siempre ha tenido la idea de eternidad su fuente principal en la muerte. Si dicha idea desaparece, sacaremos la conclusión de que el rostro de la muerte ha debido de cambiar. Es manifiesto que este cambio es el mismo que ha aminorado la comunicabilidad de la experiencia en una medida que ha terminado con el arte de narrar”. “El narrador”. P 313 Revista de Occidente. N° 129. Diciembre. 1973.
[3] Las conceptualizaciones que sobre el cuento moderno han hecho estos autores son de suma importancia porque hacen una aproximación teórica en dos perspectiva básicas en que se orienta, según ellos, el género cuento: el efecto (sobre el receptor) y la presentación (o estructura) Ver: Pacheco y Barrera, El cuento y sus alrededores. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 1993 Pág. 30 - 31. Cortázar: “el cuento debe ganar por knockout”. (Op. Cit. 385) Poe: “el punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresión.” Es decir el principio poético del efecto único (Op. Cit. 303) Quiroga: “Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en un cuento” (Op. Cit. 336)
[4] El capítulo XII de Paradiso puede ser el mejor ejemplo.
[5] Ver 313 y 314 de “El narrador”
[6] Estos botines viejos de “Animal del verano” recuerda la idea de Martin Heidegger acerca del famoso cuadro de Van Gogh sobre las botas campesinas. Es el objeto sacado de su contexto y puesto en un estado de reposo en sí mismo en “la plenitud en un modo de ser esencial del utensilio”. “Lo llamamos su fiabilidad”. Heidegger consultado online: Heidegger en castellano- El origen de la obra de arte. File:///A/origen_obra_arte.html.
[7] Sergio Ramírez. Balcanes y volcanes y otros ensayos y trabajos. Managua: Editorial Nueva Nicaragua 1983. P. 169
[8] Lo metaficcional está en el juego constante de Carvajal de repensar la técnica narrativa desde el propio espacio de la narración.

sábado, 7 de febrero de 2009

Portada de El futuro no es nuestro. Y es que el futuro es de quien quiera leernos. ¡Saludos camaradas!

viernes, 16 de enero de 2009

Matatiru, matatiru Matatiru-ti-ru-la

yo me echaría en tu sueño,
viaje sideral.
Marea Roja

Teníamos que llegar antes del medio día. Corrimos agarrados de las manos, subimos por lomas, y entre matorrales divisamos un breñero alto. Nos aventuramos a subirlo abrazados, a toda carrera. Se te clavaron cachitos en los pies a pesar del zapato. Mi llanto y su risa por mi inutilidad. Llegamos y recibís el premio por la aventura: chuparte las heridas para curarlas. Risas. Pobrecito... Es tan débil e imprescindible.
Para vengarme de tus palabras te aviento contra el lodo y te me pegás de la camisa, aterrizamos al otro lado del monte, entre el fango. Desde aquí se puede ver el potrero desierto, el guanacastón al fondo y en su base un pantano de estiércol adornado con hongos. Mirá, ¿te gusta la combinación de colores? Sí. Pero me resulta más interesante éste cielo algodonoso o aquella selvita de Morales. Vos sí que estás loca, la neblina te está haciendo ver cosas... Sabés que más bien está Delacroix este cielo. «ESNOBISTAS» «APRENDICES DE DILETANTE». Está bien, pero quitáteme de encima. Te levantás y te vas como desesperada a abrazarte al árbol «—¡Abuelo, abuelo!». Y vos me tirás bolitas de lodo y ramas secas, burlándote de lo que creés es teatro. Me enfurezco, me quito la camisa y el pantalón. Mientras me quito el brasier intento atraparte amenazándote con cogerte. Y vos en risas, huyendo «—!Yo soy hombre, vos no podés violarme!», y yo, «—¡A sí, pues vamos a ver...!»
Y nuestras risas, el cansancio, el sudor, mi humedad lubricando cada paso de tu sexo. De pronto tu líquido blanco y efímero, como un tónico para la tos, para que yo exista así, tan feliz, «HAY COSAS MAS IMPORTANTES QUE LA FELICIDAD». Fundidos en persecuciones, batallas cuerpo a cuerpo, género contra género. Yo... Una mujer que te coge sin piedad.
Relajados, con los brazos abiertos en cruz hacia el cielo, cabeza contra cabeza, acostados sobre la hierba, te confieso que odio a Arjona. No me gustan las copias defectuosas de Silvio Rodríguez. Que estoy por publicar un estudio comparativo entre los dos «compositores». Él contesta que le vale. Me vale. Lo que quiero saber es si me querés de verdad. Contestá. ¿Me querés tanto como yo a vos, o sólo me querés para tener sexo?
Y vuelve la mula al trigo, ya te dije lo que te tenía que decir al respecto, y si insistís te contesto lo mismo: ídem, ídem. No te me pongás melodramático. ¿O querés que te cante «Como yo te amo», de Rafael? Todavía estás a tiempo. Jajajá, qué chistoso. Sabés que no me lo trago. Pero lo mascás pipe, lo mascás...
Comamos de esos hongos. Silencio. Te ponés de pie. Me levanto y te sigo. Temeraria. Si en verdad me querés, dame una prueba de amor, comamos de esos hongos. Yo no los conozco, pueden ser venenosos. Pues yo tampoco los conozco, traje una navaja, un limón y sal. ¿Y quién dice que se comen así? Lo leí en un cuento y me pareció convincente. «PREMEDITACION Y ALEVOSIA» Todo lo tenías planeado. Sí, pero no pregunté por los hongos. ¿Y si son venenosos? Veo que hay de dos tipos.... No importa. Si agarramos el color equivocado va a ser más romántico, nos morimos juntos, mi amor ¿Acaso no sería maravilloso?, dos seres que se aman tanto. ¡Nos abrazamos fuerte y ya! Bueno tal vez tengás razón. Cortás hojas de plátano y me las pasás convencido. Yo te mato dos veces, si te morís, si me dejás solo.
Improvisamos una canción india llamando de una vez por todas a la lluvia, parecía tener resultados. Corrimos, danzamos, brincamos y tropezamos, «Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva...», bailamos la danza de la lluvia. Giramos y giramos sobre nuestros cuerpos cantando «Mariposa technicolor».
Vos cantando: «Tú, sentada en una silla. Yo, de pie con expresión de lord. Tú, desnuda y con sombrilla. Yo, vestido pero con calor...»
Cortás hongos en cuadritos, los ponés sobre el minúsculo plato de hojas. Le exprimo gotas de limón. «Está lloviznando sobre dos cuerpos en movimiento. Una loma, un potrero, vaquitas a lo lejos. Está anocheciendo» .
«Tú, besando tus rodillas. Yo, discreto, pero sin rubor... Tú, con un ritmo tan lento, buscando un alimento frotado con alcohol. Yo, de pronto ensimismado, mirándote alelado colmada de rigor»
Le pongo las últimas gotas. Le ponés las últimas gotas de limón y la sal. Hacemos un plato extra sin sal y sin limón. Me acompañás en coro. «Tú, ardiente y sin capilla. Yo quitándome el sombrero... pero túuu ...» .
II
Después había que parar la lluvia. «San Isidro labrador, quita el agua y pon el sol, San Isidro labrador, quita el agua y pon el sol...» Y después la tormenta. Al fondo el volcán, Piedra Quemada es un hueco oscuro, un abismo, venir a refugiarnos en este lago de mierda de vaca. «Pero túuu...». Le cuento una historia de amor. «Un hombre casi atropella a una mujer. Él es guapo, tiene dinero, años después la opera de hemorroides y allí se enamoraron en el hospital. Sólo que ella no quedó ciega, es más no está paralítica y se recupera rápidamente de su enfermedad». Que muy aburrida. «¿Por qué, creí que te gustaban las telenovelas?»

III
La verdad, vos sí que sos temeraria. Te subiste al palo huyendo de mí —en ese aguacero, creías que yo era un oso verde. Y te lanzaste desde arriba. Fue un milagro que me cayeras encima y no te quebraras las costillas, y qué es lo que mirabas abajo. Se te miraba en los ojos las ganas de tirarte. Una poza azulita que me llamaba. Yo le decía, sos vos mi amor, sos vos, y la poza me contestaba con tu nombre. Sentí que eras vos. Menos mal que te agarré. Si te hubiera agarrado al mismo tiempo esa cosa ahí, si que me hubiera jodido. Yo me comencé a sentir un basurero tipo Aróstegui, todo lo miraba así de latas, brillantes pero latas viejas, carcomido y brillante. Algo así como monotemático y vacío aunque de alguna manera atractivo. Y ¡plaf! te agarré, te agarro entre mis brazos, te quedo viendo y eras igualita a una sirena, sos una sirena pero al revés, la sirena de Magritte, pero aún así me gustaste, te tapo la cara para abrirte las piernas. Lo que hacés es ahogarme, estás ahogándome con tu pañuelo, no me tapés la nariz. A mí sí que me dio fuerte, primero no sentí nada viéndote correr desesperada a encajarte en el guanacaste, cuando caíste me pasaba lo de las latas, de pronto te volviste cara de pescado pero con piernas, después fuiste medusa. Cuando me perseguías con el palo para matarme las culebras de la cabeza a mí ya casi me había pasado. Y vos de pronto cuando ya sentía que me partías en dos la cabeza, gritaste y tiraste el garrote al suelo ¿fue por amor, decime, por puro amor? Seguramente también fue por eso, pero principalmente fue que se movía todo feo ese palo, parecía gusano medidor, y me hablaba. ¿Sabés qué? no recuerdo a qué hora regresamos. En la madrugada, como a las dos. ¡Puta! ¿Y quién nos trajo? Creo que nos vinimos solos. Otra vez ¡puta!
IV
Un automóvil se detiene frente a una iglesia blanca neoclásica llena de gente con rostros aparentemente felices y alborotados. Del carro blanco se abre una puerta, de un zapato sale un piececito, del pie sale una pierna y de la pierna una novia curvilínea y escotada. Inicia la marcha nupcial de F. Mendelssohn que anuncia la entrada. La mujer es llevada del brazo por un caballero y es tomada por el novio o recibida en la iglesia. En el altar, mientras el padre habla y habla, ellos intercambian miradas lascivas que parecen conversaciones largas e inentendibles... Suena la marcha nupcial de salida del Lohengrin de Wagner. La gente como hormiguero sobre la miel los rodea, gritando y llorando; están alborotados imaginando la cópula de la primera noche, tiran arroz sobre sus cabezas. Abrazos y besos para satisfacer al público. Una lágrima de la novia, el ramo lo tirará durante la fiesta.
¡Ay, pipita! Tengo un dolor de cabeza asesino. Y ¡qué calor hace en este carro! Es la goma que te andás, amor. Qué hartada de champaña con cerveza y ron la que nos dimos, más los hongos, qué clase de intoxicada. Creés que aguantemos la fiesta. Lo dudo. Ya me imagino la cara de mi suegra buscando la botella que robó y que dejó escondida. Vos, cómo hiciste para despertarte. Mirá: el cielo Van Gogh. Está lindo. Me acabo de despertar. A las tres y media me desperté, en media hora me vestí, creí que me ibas a dejar como la novia de Tola. Yo creí que vos te ibas a dormir. Es increíble. ¿Vos arreglada en media hora, lista para casarte? Es que no me puse medias, ni fustán, ni calzón, todo se me olvidó, hasta se me olvidó echarme desodorante. Mejor así, te agarro en tu jugo. ¿Te bañaste? ¡Claro! Vos sos un grotesco. Sabés que tenía todo el pelo untado de mierda de vaca, y creo que fuiste vos que me llenaste. Dé vuelta a la derecha en la próxima esquina señor, por favor. Metés la mano debajo de mi vestido, constatando lo que te dije. No llevo ropa interior. ¡Dejá! Qué no ves que el chofer ya se dio cuenta. ¿Por qué giramos para acá? Vamos para la casa. ¿Y la fiesta? Me vale. Estoy de goma. Yo también. Y estoy cansada. Yo también. También estoy deprimida. Yo también. ¿Y decime, pipe, a vos también te está bajando la regla?

Correr tras las cosas queridas

tienes que correr,
tienes que correr
a toda velocidad.
Sabrá a margo el licor
de las cosas queridas.
Fito Páez

When I paint my masterpiece
Bob Dylan


Esa tarde me encontré en casa con Sofía, mi amiga de la escuela secundaria, mi oponente más fuerte, más significativa. Tarde de domingo en que decidí sentirme al fin liberada de los oficios domésticos porque mi esposo no estaba en la ciudad. Lavaría la ropa sucia el fin de semana próximo, que los niños repitan la ropa, total yo tengo mi vida y quiero realizarme como ser humano. Acepto que ver crecer a los niños da satisfacción, que mantenerme aún unida al hombre que amo es otra cosa digna de estar orgullosa pero hay más, siempre quise ser escritora, alguien importante a la que se le reconozca su trabajo. Dije:
—De esta semana no pasa que yo escriba un cuentecito sobre la liberación de la mujer o mejor, mí liberación como mujer, porque tampoco puedo ser tan atrevida y decir que llevo a “la mujer bajo mi piel”, si yo soy apenas una mujer con una clase social específica, con una vida y estatus particulares… sé que alguien dijo algo de orgasmos y piel…, “multitudes y piel”? No importa.
Fue cuando Sofía, a la que yo prefería llamar Sonia, dijo:
—No tenés la más mínima posibilidad de ser escritora. Sos una simple ama de casa deberías contentarte con eso. Si tu marido se entera de que sos una esposa frustrada hasta te puede echar a la calle. No le costaría mucho conseguirse una nueva y mejor.
Me levanté con la sangre en las sienes, con ganas de matarla, pero me contuve y le hablé en tono seguro.
—Sonia, el hecho de que seamos amigas no te faculta para que me tratés de esa manera.
—Si te duele la franqueza, lo siento, pero que te duela porque yo no soy hipócrita, apenas trato de ponerte los pies sobre la tierra. Con buenas intenciones, para ayudarte.
—¿Y ese es tu concepto de ayudar, decirme que no sirvo, que estoy equivocada?
—Cariño, nunca vas a ser escritora. Pensalo bien, de esos sueñecitos que tenés sólo conseguirías algo con mi ayuda. Ser escritora es algo serio, eso sólo podría hacerlo yo, si quisiera. Tengo empleadas para cada necesidad, una casa hermosa en el campo, otra en el mar desde donde puedo inspirarme para crear argumentos, anécdotas, cosas interesantes, luego tengo mi laptop, si se trata de cargar con la herramienta básica, mi palm y la compiurer de casa… pero vos no tenés nada amorcito. ¿Tenés máquina de escribir, sabés mecanografía o algo así?
—Te creí más inteligente a ti, Sonia, te iba a incluir en mi cuento pero veo que no vale la pena. ¡Andáte de mi casa, pero andáte ya!
Cuando el carro de Sonia se fue con ella adentro, la sentí e imaginé como una babosa de caracol, sin cerebro. Corrí a sacar las bolitas de pan de mantequilla que se me habían quemado en el horno. Me quemé, pero mis manos estaban heladas de furia. Nunca me había sentido tan humillada por otra mujer y eso que entre las mujeres la relación es de comparación y repulsión y allí se daban la mayor parte de las buenas y largas amistades como la que yo había tenido con Sonia.
Traté de consolarme diciéndome a mí misma que lo que había ocurrido es que Sonia se puso envidiosa, que ella también se había dado cuenta que a pesar de su ventaja social era menos probable que se realizara. No es que ella con todos los medios posibles para ser una buena escritora simplemente había decidido no serlo, se trataba de que su mundo de ama de casa, de mujer de maquillajes y perfumes caros tenía demasiadas tarjetas de navidad que llenar para mandarle a sus amistades, tarjetas de felicitaciones de cumpleaños, los regalos del día de los reyes… tanta basura por hacer que yo, gracias a mi misma pobreza, me salvaba de estar obligada. Extrañamente no lloré, yo que para todo dejo escapar una mueca de llanto incontenible y luego lloro a lágrima partida por puro gusto de deshidratarme para sentirme la mártir. Ella había dicho algo que era verdad, yo soy una mujer pobre y no tengo servidumbre, tampoco dinero como para tener un background significativo de lecturas. Pero tengo la malicia, tengo el deseo y la imaginación necesaria como para hacer mi obra maestra. Le pondré algo así como: “Espacios de una ama de casa”, o mejor: “Del día y las circunstancias en que me liberé de la cocina…” Bueno más vale que escriba y luego le ponga nombre.
Estaba en esas cuando sonó la alarma de las seis y treinta, hace una hora que debí haber hecho la comida. Los niños deben estar esperándome en casa de su abuela. ¿Qué hacer, tomar un taxi para ir a traerlos o preparar primero la cena? Ir a traerlos, no vaya a ser y mi suegra me reclama, me saca en cara que su otra nuera es un amor de mujer, que no se pasa de horas para ir a traer a los niños de casa de los abuelitos, que cuando sale de su casa la deja en perfecto orden, que da envidia… Definitivamente me voy a traer a mis hijos.
Fui a traer a los niños, escuché la historia de la nuera perfecta de boca de mi suegra, que a ella no se le paraba una mosca, que la casa daba gusto, que los niños nunca se pasaban de hora para comer, etc. Mientras venía de regreso a casa pensé que no me iba a atrasar en cocinarles. Compraría unas tajadas de plátano frito con gallopinto, carne asada y un refresco de cacao. Yo me comería algo de avena con leche y listo, ahorro tiempo y dinero, de paso comienzo una dieta, pero comienzo de una vez por todas.
Resultado, la carne les salió muy dura, el gallopinto estaba demasiado mantecoso y le provocó diarrea a Emma Nathalia, mi bebé de dos años. A Ernesto, de cuatro, no le pasó el refresco de cacao porque amargaba la boca de tan dulce, amenazó con vomitar. Adriana de siete estaba mudando los dientes y no podía comer nada. Tuve que cocinarles a cada uno algo especial, que no provocara diarrea sino que la contuviera, que fuera suave como para que la comiera un desdentado y que estuviera sabrosa pero barata, pasé el resto de la tarde y la noche haciendo empanaditas de plátano maduro rellenas con queso fresco y arroz, limonada, atolito de maicena con vainilla, y finalmente tortas de quequisque. Cuando terminé de arroparlos, darles su beso de buenas noches, decirles que los amaba con todo el corazón, ordenarles los cuartos, lavar el cerro de trastos que había producido la comida… estaba yo tan agotada! que decidí dormirme temprano (eran casi las diez de la noche) para levantarme a las cinco de la mañana a hacer el desayuno. Mañana es lunes, Adriana y Ernesto se van a la escuela, eso me va a dar tiempo.
Me fui a costar pero estaba tan excitada que me dio insomnio, sentí como un presentimiento de algo fatal en mi vida. Me levanté, revisé todas las puertas, las cerraduras. Me asomé por una hendija y no vi a nadie en la calle. Me fui a acostar nuevamente para darme cuenta de pronto que estiraba la mano buscando el calorcito de mi amor y no encontraba nada, no podía dormir porque lo extrañaba. Fui a buscar una camisa sin lavar, una que oliera a él, su olor me iba a hacer sentir protegida, animada a emprender mi tarea con todas las fuerzas del mundo.
El despertador sonó a las 6:30 AM porque así estaba programado desde el día anterior. Debí programarlo para que me despertara a las 5:00 AM!. Corrí a levantar a los niños que ya estaban armando una batalla de almohadas que no sé cómo no me despertaron. Los metí a los tres al baño, juntos para no atrasarme más, los dejé en remojo mientras me fui a poner la porra del café. 6:50 me voy a vestirlos. Nathalia respiró agua por la nariz parece que los otros jugaban a ahogarla. ¡Son unos demonios!
7:20 el café está tan caliente que no se puede beber. Se me olvidó comprar el pan ayer. Sólo tengo huevos. Les doy huevo frito pero lo detestan, ellos quieren pan con mantequilla, los pobres le dicen mantequilla a la margarina. Menos mal que todavía no entienden la diferencia. Me pregunto si habrá mujeres como Sonia que no saben cómo es la vida sin teléfono, sin carro, sin cafetera, sin agua caliente en los grifos, sin lavadora de ropa, sin mantequilla de verdad, sin empleadas, sin niñeras. Cómo limpiarán ella sus casas, si yo le tengo que dar brillo al piso a punta de recontrapasar el trapeador.
Tuve que dejarlos solos en la casa enllavada por fuera para correr como loca a la venta de la esquina y comprarles galletitas soda y jugos de lata. Si seguía así para el miércoles no iba a tener con qué comprar comida. Debía volver rápido antes que fueran a prenderle fuego a la casa.
A las siete y cuarenta y cinco los llevé a la escuela, con 15 minutos de retraso, pero con la suerte de que me quedaba como a las dos cuadras. Regresé con Nathalia a la casa. La puse a ver televisión mientras yo me bañaba y me preparaba para mi nueva etapa. El ruido del agua no me dejó escuchar cuando ella arrastraba su banquita de alcanzar el inodoro hacia la puerta del baño. Cuando quise salir estaba enllavada por fuera porque en el baño no había una cerradura sino aldabas y pasadores. Le grité, le ordené, le supliqué… tuve que forzar la puerta. Ella estaba en la cocina haciendo caminitos con la caja de espaguetis desperdigados por toda la casa. Se puso a llorar cuando me vio llegar tan enojada. Me dio mucho pesar verle la trompita tan inocente apretada en un espasmo de miedo y arrepentimiento. Pero si apenas acaba de cumplir dos años… lo que necesitaba era jugar, así que la regañé, le dije que no volviera a hacer eso porque yo me iba a enojar mucho. Prometió no volver a hacer travesuras semejantes.
Pasé casi dos horas jugando al caballito con ella montada sobre mi espalda, recorriendo la parte enladrillada de la casa, el dolor en las rodillas ya no permitían continuar, pero ella estaba feliz, incansable. Yo necesitaba sentarme. Opción, ponerla a dibujar con una crayola rosada que encontré.
Me fui a sentar a escribir. El lápiz con el que pensaba escribir se lo había llevado Adriana, su cuaderno también. ¡Yo no tenía un solo lapicero en la casa.!
—¡Mierda! ¿Cuándo puta voy a poder escribir?
Estaba tan frustrada y enojada que comencé a darle golpes furiosos a la mesa. Lloré. Golpearon la puerta. Me limpié las lágrimas y abrí. Era mi madre.
Lo primero que hice fue abrazarla fuerte, decirle que la amo, que qué horrible es ser mujer, que cómo había hecho ella para sobrevivir. Le conté mi proyecto, me dijo que no me desesperara que cada cosa tiene su tiempo, que ella se iba a llevar a Nathalia para que yo me pudiera dedicar a mi proyecto.
Por supuesto que la casa estaba hecha un desastre, las camas del cuarto de los niños estaban revueltas, las almohadas en el suelo, la ropa sucia junto con la limpia, el piso estaba lleno de migajas de galletas. La cocina tenía trastos sucios, pailas con huevos fritos, tazas con café y caminitos de espaguetis crudos. La puerta del baño estaba forzada y no cerraba… mi cuarto era otra historia que arreglar. Mamá se llevó a la niña y yo me quedé preparando el almuerzo porque ya casi iban a volver los niños de la escuela. Rogué por paciencia. Mamá tenía razón, ahora que viniera Adriana le prestaría su lápiz y unas hojas de su libreta blanca. Arreglé un poco y fui a traerlos.
Me senté a comer con ellos, también tenía hambre, los vi tan bellos y hermosos que me sentí culpable por no atenderlos como debe ser, sentí que no estaba bien mi idea de dedicarme a mí y no a ellos que me necesitan tanto. Pero también pensé en el futuro, en qué pasaría cuando ya crecidos se liberaran de mí, ellos tienen su vida y yo no quiero ser una carga cuando sea una anciana, si es que llego a serlo. Es verdad que nadie sabe cuándo va a morirse pero mientras estuviera en mis manos trataría de hacer lo posible por hacer mis sueños realidad, iría despacio, una página por día, eso sería todo, los atendería como se lo merecen y me daría mi propio espacio.
Pasó la semana y nunca tuve tiempo. No noté ninguna señal de que mis hijos estuvieran creciendo. En cambio yo me miraba más vieja, más apagada que nunca. Llegó mi esposo en la tarde del viernes. Lo recibí con mucha alegría, era mi amor que regresaba. Le di de comer, tuve la ropa limpia y planchada, todo en orden, le di mi amor, mi calor, mi cuerpo entero sólo para él. El domingo quise tomarme un rato para escribir las cuatro páginas que llevaba de retraso en mis planes de escritora, para eso planifiqué hacer espaguetis con queso y listo, a escribir. Mi esposo protestó dijo que esa era comida de estudiante soltero, que cocinara otra cosa.
Yo no contesté nada y comencé a repasar en la memoria las ideas que tenía.
—Estas como ida, ¿qué es lo que te pasa?
Silencio.
—Bueno, es que acaso hoy no se va a comer en esta casa?
—No. Hoy decreto día de “crear y no cocinar”, por tanto me tomo el día feriado y lo voy a dedicar…taránnn ¡a mí misma!. De hoy no pasa que escriba ese maldito cuento, pase lo que pase.
—Tené cuidado con lo que hacés, muchas mujeres querrían tener el lugar que vos tenés en esta casa…
—¿Sabés qué? Lo único que yo quisiera es tener una esposa como yo, que me cuidara como yo te cuido a vos, que me hiciera la vida más agradable como yo te la hago a vos, que me amara y me respetara tanto como yo a vos.
—¡Ahora hasta te vas a volver lesbiana!
—Voy a hacer lo que sea necesario para realizarme como mujer, como ser humano.
Ese día tampoco lloré, algo en mí se había roto por dentro. Me encerré en mi cuarto, agarré el cuaderno de dibujar de mi hija mayor, tomé un crayón negro y decidí escribir mi historia, por supuesto que no sería una historia de amor, esta vez el título sería algo así como “tienes que correr”.