miércoles, 15 de julio de 2009

CUANDO EL DOLOR ES OBVIO Y LA MADRE ESTÁ PRESENTE

Conozco un dolor muy grande
Uno que abre y revienta por dentro
Uno que mancha de rojo y humedad la piel de mi cara
Uno que calienta y agita con fuerza el interior de mi carne
Uno que me hace decir cosas que no quiero en voz muy alta
(O sí, sí quiero pero no quiero que lo sepan.)

Conozco un dolor que se asoma desde el décimo piso
De un edificio del último mundo
De una ciudad cualquiera en este planeta.
Mi mundo, mi ciudad diminuta.

Mi dolor es todo y no es nada
Pero no es prestado. Es auténtico.
Lo sufro, lo soporto y ruego que pase
Espero a mi madre
Quiero que llegue y que me diga mientras me acaricia
Como si yo fuera un animal herido:
—Ya pasó, María. Todo va a estar bien, María. El dolor pasa, María.

Es que la debilidad de mi madre es el amor a los animales.

1 comentario:

David Parnelio dijo...

me ha gustado mucho. buen balance entre lo concreto y lo efimero.