miércoles, 1 de agosto de 2012

En la avenida

Señor, ¿necesita ayuda? le digo. No, gracias, contesta. ¿Está seguro?, insisto. Sí, responde. Lo vi: alto, blanco y flaco, de cabellos blanquísimos… lloraba. Lo dejé solo. No sabía cómo cruzarse la avenida y tampoco quería aceptar mi ayuda. Avancé unos cincuenta metros, pero la brújula de la conciencia me detuvo y me haló hacia el desconocido. Papá, le digo. Soy yo ¿acaso te has olvidado de mí? Y el anciano por fin levanta la vista, extrañado. Vas a estar bien papá, le dije, vamos, cruza conmigo, te invito un helado. Y el hombre se dejó llevar sin dejar de mirarme.

3 comentarios:

Alberto Sanchez Arguello dijo...

Corto y honesto, economía de palabras impecable con forma de anécdota.

Alberto Sanchez Arguello dijo...

Corto y honesto; impecable economía de palabras.

María del Carmen Pérez Cuadra dijo...

¡Hola Alberto! Muchas gracias por tu comentario. En estos ejercicios de escritura procuro escribir 100 palabras completas ni una más ni una menos. Saludos cordiales.