viernes, 1 de octubre de 2010

Un sueño recurrente

Tonight you're mine completely
You give your love so sweetly
Tonight the light of love is in your eyes
Will you love me tomorrow?



Se supone que los dos soñamos lo mismo. Él me preguntó en la mañana: "¿Te acordás de lo que soñamos?" como quien afirma que es normal soñar juntos. Entonces yo le digo: "Pues no, se me olvidó" y él que qué lástima, sabía que había sido un buen sueño, ojalá y se vuelva un sueño recurrente.

Después le preparé un café colado, no un café instantáneo,
«Nescafé de mierda», sino un café que yo misma recogí del arbolito que está en mi patio y que sequé y que tosté y que herví y ahora colaba yo misma, con mis propias artríticas manos. «Este café que te sirvo es mi café, tiene algo mío, y te lo doy.» Y fue así que se lo tomó como quien se toma un filtro de amor, muy dispuesto al sacrificio.

Después llovió mucho y por muchos días, amanecía y con ello varios pájaros muertos esparcidos entre el jardín, la pileta del lavadero de ropa y el techo del excusado. Yo lloré porque se hizo de tarde y estaba perdida, lloré la misma cantidad fría y húmeda que llovía. Una vaca me dio un latigazo con su cola áspera y húmeda. Y fue precisamente eso lo que me hizo moverme y regresar a la casa. La verdad es que estaba perdida, por dentro y por fuera, si es que es posible estar así. El asunto es que, aunque yo sabía que él había muerto me parecía extraño que nadie me contestara y nadie me hablara cuando yo les servía el café. Era muy pero muy raro que nunca dejaba de llover y que una y otra vez yo soñaba que estaba sola y perdida en medio de una calle de lodo... y que una vaca... Otra vez y otra vez. Yo vi "El día de la marmota" y no me parecía una historia divertida, aunque la filosofía puede habitar hasta en el cerebro de una puta sifilítica (Nietzsche). Escribí un poema "Animal Inédito" le puse, reflexionando sobre el animal, el filósofo y mi propio miedo. Luego levanté el mar con mi dedo índice y vi que al otro lado de mi sueño recurrente había un libro que tenía el título que yo había inventado y que revelaba mi fecha de vida y muerte. Hasta ese día comprendí que morir es algo asquerosamente amodorrante, tan común y corriente que me ha hecho perder el gusto por el café colado.
(Continuará)

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