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Mostrando las entradas etiquetadas como narrativa centroamericana

Día de memoria: para el álbum familiar

No tengo fotos de mi niñez, y me habría gustado tener una foto de aquel día en que casi enloquecimos de tanto jugar. Pero tengo en la memoria casi como una foto viviente, casi siento las cosquillas que duelen como garras picosas entre mis costillas y el estómago. Ese día nos habíamos quedado solos, pero nada más por un rato. Mamá estaba en el trabajo y papá había salido a pesar del toque de queda. No sé si llevaba una bandera blanca, pero era lo más seguro. Lo imagino ahora en una foto polaroid en sepia, borrosa: mi padre levantando una bandera blanca hecha de la mezcla de un palo de escoba y un pañal de gasa de mi hermana bebé.   En la cocina, hecha de tres pedazos de piedra cantera entre gris y negro de tanto hollín, se entrelazaban unas ramas secas, casi como abrazándose unas con otras para protegerse de algo, quizá del frío porque allí en esa cocina no ardía ni una chispa. ¿Y para qué íbamos a encender el fuego? Para qué si no teníamos nada más que agua y sal. Por eso fue ...

Hambre vespertina

Mientras ella le preparaba un Barros Luco callejero, él la miró como diciéndole: «Comería de este aire sucio, bebería hasta la última gota del Mapocho, masticaría los edificios rotos por el terremoto, lamería cada teja de tu casa o me dejaría inyectar tarjetas de crédito hasta en los huesos… Mira, besaría las sombras de tus pasos sobre el pavimento candente de Gran Avenida, si tan solo me dijeras tu nombre» Pero él no se atrevió a nada. No dijo nada porque guardaba lo justo en su bolsillo. Ni siquiera una propina. «Gracias» dijo, y se fue.

Días de guerra

Día de memoria Cuando yo era una niña pequeña que apenas veía como problema grave el hecho de no poder escribir bien mi largo nombre, me tocó vivir la experiencia de la guerra, y no es que yo estuve o estuviera en ese instante en un lugar de enfrentamiento, quizá  llegué a estarlo en algún momento, como muchos otros nicaragüenses; pero ese momento que ahora traigo a la memoria... es uno en el que vi que unos hombres llegan a la casa y piden las medidas de la ropa de mi padre. Veo que sacan una cinta métrica y toman presurosamente sus medidas. Anotan en una libreta y se van. También recuerdo, como si se tratara de una masa deforme y confusa, que no había azúcar blanca, en su lugar lo que podíamos obtener era azúcar moreno. En ese momento se veía a este producto al cual me refiero como algo bastante plebeyo, y ahora con el tiempo hasta lo he comprado muy caro porque el azúcar de color oscuro, poroso y húmedo, pegajoso y de granos gruesos es más saludable que el azúcar refina...

Soy una “AA” (autora anónima) que disfruta de su anonimato. Entrevista con la escritora nicaragüense María del Carmen Pérez Cuadra

Por: Jadive Malavera [1] Me la encontré en la calle central del Barrio Lastarria, aquí suelen confundirla con una nana peruana me cuenta, pero dice que ya se está acostumbrando, a eso y a los terremotos cotidianos. Mientras nos tomamos un café por uno de esos restaurantes pintorescos me explica que ha empezado a decir que es mapuche de pura cepa, y que así ya no le siguen preguntando que de dónde es o que por qué tiene ese acento tan raro. “…Cada vez que puedo recaigo, por eso es que te digo que soy una “AA” (doble A), allá tú si quieres entrevistarme”, me aclaró antes de que le diera on a mi mini grabadora de voz. ¿Qué te pareció la antología de narrativa centroamericana Puertos Abiertos de Sergio Ramírez, en la que se incluye una de tus narraciones cortas? Creo que es un producto necesario que fue preparado para favorecer o satisfacer esa creciente hambre del público latinoamericano por las narrativas centroamericanas. Y que por suerte ha considerado mi trabajo. ¿Y ...

Crónica de una autora autoinventada[*]

Por María del Carmen Pérez Cuadra http://animalinedito.blogspot.com Recuerdo que para la época de la revolución, entre 1981 -1990 yo tenía claro que debía estudiar alguna carrera en la universidad, el problema es que no tenía la más remota idea de cuál podría ser. Mi mamá quería que estudiara medicina y mi papá ingeniería o algo de administración de empresas. Pero yo, al descubrir un artículo del Suplemento Cultural Ventana, en el que entrevistaban a Franz Galich, y que me informaba de la existencia de la carrera de Arte y Letras en la Facultad de Humanidades de la UCA, tomé la decisión de que Arte y Letras sería mi primer opción y luego cualquier otra. Una semana más tarde salí por primera vez, sola y en bus, fuera de Jinotepe, ya que era en Granada donde me correspondía hacer unas filas infinitas para los trámites de ingreso. Al final los resultados fueron buenos, clasifiqué en mi primera opción por dos razones: mi promedio y el hecho de que a nadie le interesaba la carr...