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Mostrando las entradas etiquetadas como narrativa de mujeres

En la avenida

Señor, ¿necesita ayuda? le digo. No, gracias, contesta. ¿Está seguro?, insisto. Sí, responde. Lo vi: alto, blanco y flaco, de cabellos blanquísimos… lloraba. Lo dejé solo. No sabía cómo cruzarse la avenida y tampoco quería aceptar mi ayuda. Avancé unos cincuenta metros, pero la brújula de la conciencia me detuvo y me haló hacia el desconocido. Papá, le digo. Soy yo ¿acaso te has olvidado de mí? Y el anciano por fin levanta la vista, extrañado. Vas a estar bien papá, le dije, vamos, cruza conmigo, te invito un helado. Y el hombre se dejó llevar sin dejar de mirarme.

Días de guerra

Día de memoria Cuando yo era una niña pequeña que apenas veía como problema grave el hecho de no poder escribir bien mi largo nombre, me tocó vivir la experiencia de la guerra, y no es que yo estuve o estuviera en ese instante en un lugar de enfrentamiento, quizá  llegué a estarlo en algún momento, como muchos otros nicaragüenses; pero ese momento que ahora traigo a la memoria... es uno en el que vi que unos hombres llegan a la casa y piden las medidas de la ropa de mi padre. Veo que sacan una cinta métrica y toman presurosamente sus medidas. Anotan en una libreta y se van. También recuerdo, como si se tratara de una masa deforme y confusa, que no había azúcar blanca, en su lugar lo que podíamos obtener era azúcar moreno. En ese momento se veía a este producto al cual me refiero como algo bastante plebeyo, y ahora con el tiempo hasta lo he comprado muy caro porque el azúcar de color oscuro, poroso y húmedo, pegajoso y de granos gruesos es más saludable que el azúcar refina...

Soy una “AA” (autora anónima) que disfruta de su anonimato. Entrevista con la escritora nicaragüense María del Carmen Pérez Cuadra

Por: Jadive Malavera [1] Me la encontré en la calle central del Barrio Lastarria, aquí suelen confundirla con una nana peruana me cuenta, pero dice que ya se está acostumbrando, a eso y a los terremotos cotidianos. Mientras nos tomamos un café por uno de esos restaurantes pintorescos me explica que ha empezado a decir que es mapuche de pura cepa, y que así ya no le siguen preguntando que de dónde es o que por qué tiene ese acento tan raro. “…Cada vez que puedo recaigo, por eso es que te digo que soy una “AA” (doble A), allá tú si quieres entrevistarme”, me aclaró antes de que le diera on a mi mini grabadora de voz. ¿Qué te pareció la antología de narrativa centroamericana Puertos Abiertos de Sergio Ramírez, en la que se incluye una de tus narraciones cortas? Creo que es un producto necesario que fue preparado para favorecer o satisfacer esa creciente hambre del público latinoamericano por las narrativas centroamericanas. Y que por suerte ha considerado mi trabajo. ¿Y ...

Vitá-cora de padecimientos. (Fragmentos de un diario)

OCTUBRE 24 DE 2010 Ayer estuve en una reunión de padres de familia. Todo estaba bien, el lugar, el ambiente y la alegría de nuestros niños jugando al aire libre. Pero yo no tenía más que ganas de llorar. Llorar por mis muertos, unos que dejé ir solos mientras yo estaba lejos, como si me importaran menos. Recordé en aquella, mi propia casa. Y vi en las demás familias a mi propia familia. Quería sorprender a mi abuelo Víctor con una publicación en el extranjero, para que viera que la hija de su primogénito no reconocido había llegado más lejos de lo que él se imaginaba. Llevo el apellido de mi abuela paterna, con mucho orgullo, y siempre quise demostrarle a mi abuelo que había hecho muy mal en no reconocer a mi padre como hijo legítimo. Pero mi abuelo murió en junio, y no pude demostrarle nada, simplemente él me enseño que yo lo quería más de lo que sospeché. Y a hora voy a recordar su lección cada vez que vea el rostro de mi padre. Le prometí a mi tía Adela que mi novela se la d...

Un sueño recurrente (Parte 2)

El tiempo se evapora, se derrite, se fuga en esta vieja ventana que ahora enmarca mi cara de gato abandonado. Afuera llueve, llueve a mares. Yo busqué por varias semanas, meses, años un botón, una palanca que me permitiera conectarme con el otro lado. Pero nada ha funcionado. He escuchado que Ofelia viene el lunes, todos han aparentado una felicidad inusual, pero yo sé que en el fondo sienten miedo de su llegada. Sí, miedo. La última vez que te vi me dijiste lo del sueño, y quizá pensaste que yo no le estaba dando importancia a lo que me contabas. Me costó trabajo entender que hablabas contigo mismo, que el café que tomabas era el de tu madre y no el mío, y que por más que yo te gritara, te besara, arañara o te golpeara como una loca, no había manera de que sintieras o me escucharas. Recuerdo el día en que me llegó la noticia. Tu madre lloraba porque estabas colgado en la rama del árbol de naranjas, ése que plantamos juntos ¿te acuerdas? Ese que conocía nuestro secreto. Tu madre que s...

Un sueño recurrente

Tonight you're mine completely You give your love so sweetly Tonight the light of love is in your eyes Will you love me tomorrow? Se supone que los dos soñamos lo mismo. Él me preguntó en la mañana: "¿Te acordás de lo que soñamos?" como quien afirma que es normal soñar juntos. Entonces yo le digo: "Pues no, se me olvidó" y él que qué lástima, sabía que había sido un buen sueño, ojalá y se vuelva un sueño recurrente. Después le preparé un café colado, no un café instantáneo, «Nescafé de mierda», sino un café que yo misma recogí del arbolito que está en mi patio y que sequé y que tosté y que herví y ahora colaba yo misma, con mis propias artríticas manos. «Este café que te sirvo es mi café, tiene algo mío, y te lo doy.» Y fue así que se lo tomó como quien se toma un filtro de amor, muy dispuesto al sacrificio. Después llovió mucho y por muchos días, amanecía y con ello varios pájaros muertos esparcidos entre el jardín, la pileta del lavadero de ropa y el techo...

La procesión

Él también la quería, pero hasta ese momento nunca se había atrevido a reconocerlo. Ella decidió regresar a buscarlo, lo buscó entre la gente y se metió más y más entre la multitud que celebraba a San Miguel Arcángel, el santo de los intelectuales espirituales, pero la multitud se estiró como una boca apocalíptica que sellaba con destrucción irreparable la vida de aquél hombre. Mientras él buscaba su rostro moreno para decirle lo que le había revelado el corazón, ella era tragada para siempre. Él ya nunca podría escuchar de sus labios lo que ella tenía que confesarle.

Lo abyecto en la visión crítica del mundo narrativo de Mariana en la Tigrera de Ana María Rodas

Por María del Carmen Pérez Cuadra Hay en la abyección, una de esas violentas y oscuras rebeldías del ser contra aquello que lo amenaza y que le parece de un afuera o de un adentro exorbitante, expulsado más allá de lo posible, lo tolerable, lo pensable. Está allí, próximo pero inasimilable. Solicita, inquieta, fascina al deseo que sin embargo no se deja seducir. Atemorizado, se aparta. Asqueado, rechaza. Julia Kristeva, 1998 Ana María Rodas (Guatemala 1937) en su libro de narraciones cortas Mariana en la tigrera (1996) revisa las tradiciones patriarcales con una mirada crítica que (re)considera a las mujeres entre los agentes que crean, propician o resguardan los factores de la violencia, el maltrato intrafamiliar y el maltrato sicológico en el hogar. Sobre todo cuestiona la continuidad del incesto como práctica resguardada o cimentada por las mismas mujeres. El propósito en este escrito es demostrar cómo se usa en el discurso narrativo de Rodas la noción de consentimiento (consent) y...

LECTURA DE NARRATIVA EN LA UCA: TRES NARRADORES NICARAGÜENSES

En la foto: Rodrigo Peñalba, Eunice Shade y Arquímedes González. En el IHNCA-UCA. Les agradecemos a los autores por habernos acompañado ¡Muchas gracias! Mis apreciados y bien portados alumnos de comunicación social del grupo 0528 IDEM. Son mis alumnos del curso de Literatura Hispanoamericana de la UCA. IDEM. Igual de apreciados y estimados. En la foto: Arquímedes González, Eunice Shade, María del Carmen Pérez Cuadra y Rodrigo Peñalba

Matatiru, matatiru Matatiru-ti-ru-la

yo me echaría en tu sueño, viaje sideral. Marea Roja Teníamos que llegar antes del medio día. Corrimos agarrados de las manos, subimos por lomas, y entre matorrales divisamos un breñero alto. Nos aventuramos a subirlo abrazados, a toda carrera. Se te clavaron cachitos en los pies a pesar del zapato. Mi llanto y su risa por mi inutilidad. Llegamos y recibís el premio por la aventura: chuparte las heridas para curarlas. Risas. Pobrecito... Es tan débil e imprescindible. Para vengarme de tus palabras te aviento contra el lodo y te me pegás de la camisa, aterrizamos al otro lado del monte, entre el fango. Desde aquí se puede ver el potrero desierto, el guanacastón al fondo y en su base un pantano de estiércol adornado con hongos. Mirá, ¿te gusta la combinación de colores? Sí. Pero me resulta más interesante éste cielo algodonoso o aquella selvita de Morales. Vos sí que estás loca, la neblina te...