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Mostrando las entradas etiquetadas como poesía nicaragüense

Días de guerra

Día de memoria Cuando yo era una niña pequeña que apenas veía como problema grave el hecho de no poder escribir bien mi largo nombre, me tocó vivir la experiencia de la guerra, y no es que yo estuve o estuviera en ese instante en un lugar de enfrentamiento, quizá  llegué a estarlo en algún momento, como muchos otros nicaragüenses; pero ese momento que ahora traigo a la memoria... es uno en el que vi que unos hombres llegan a la casa y piden las medidas de la ropa de mi padre. Veo que sacan una cinta métrica y toman presurosamente sus medidas. Anotan en una libreta y se van. También recuerdo, como si se tratara de una masa deforme y confusa, que no había azúcar blanca, en su lugar lo que podíamos obtener era azúcar moreno. En ese momento se veía a este producto al cual me refiero como algo bastante plebeyo, y ahora con el tiempo hasta lo he comprado muy caro porque el azúcar de color oscuro, poroso y húmedo, pegajoso y de granos gruesos es más saludable que el azúcar refina...

Ms. Zua-Zua

Julio 28 del 2001 Ms. Malvina vino con sus anteojos de marco negro grueso, monita de pelo corto y camisas de mangas largas: «Escriban sobre sus raíces indígenas» Pasé largos meses buscando en baúles y valijas olvidados, les desgarré los fondos y no hubo T okonoma ni Aleph que me devolviera un pelo de raíz, al menos una pequeña pista. Fue cuando busqué una basura en mi ojo derecho valiéndome de un espejo… y allí vi a una mujer ídolo azteca «¿Pero vos sos esa figura!» Entonces mis compañeras de clase mitad irlandesas, mitad suizas, mitad alemanas, encontraron sus raíces indígenas en la forma y técnica del nacatamal. Otras más atrevidas en visitas a la Costa Caribe. «¡Oh, Ms. Malvina Zua-Zua!» Cómo explicarle que lo que dicta el espejo no me constituye como usted supone. El cincel que delineó mis rasgos hace mucho tiempo que lee en manual occidental. No me debato señorita entre dos razas. Solo tengo una herencia genética ...

Léase como carta de amor a mi amado que lee distraído

Léase como carta de amor a mi amado que lee distraído No le hagas caso a la marca O positivo, mejor siente el calor. Hace mucho, tengo una lata de conservas, sin abrir, en el pecho que ha vivido engañada funcionando como si fuera motor ahora oxidado, pero el verde natural de los frijoles que crecen en el refrigerador no es suficiente. Estar sujeta a este espacio por un hilo de sangre coagulada es un chiste que conduce a la tragedia. Mejor hubieran cajas vacías que nunca jamás corrieran el riesgo de incendiarse si fuego fuera el amor y caja una vida.

El abrazo de Andrea

Ayer lloré Nicaragua En un abrazo santiaguino De mi amiga suiza. Vi en una casa ajena Mi casa Vi en familias ajenas Mi propia casa Vi en cada madre, a mi madre. Ayer lloré públicamente A mis muertos. [De la serie: “zolo soi hun cer uMano”]

SEPTIEMBRE inventa la patria y la historia/Héroe nacional

Se levanta Se despierta Se nace con ganas de masticar columnas de concreto o hierros de verjas oxidadas y una que otra lata redimida que un tren negro ha recuperado en la memoria una memoria global como un huevo que dice: «Patria», “paisito”, ¡Héroe Nacional! Y recorro con luz en la cara ese día, Aquel Día. En el mes que clasifica asesinos, héroes, heroínas, glorias artificiales, cuestionables. Toma la piedra de ayer —la pone en alto, muy alto— luego explosiones de armas antiguas y los gritos perturban el oído entonces todo se detiene el ojo calcula y la piedra rompe el cráneo enemigo DE UN SOLO GOLPE Callado Solitario Único.

La lección aprendida/aprehendida

No sin amor le dijo esa tarde: «No me alimento de pescado crudo Y prefiero evadir las escaleras Me como sí, tu casa de fuego Lloro, aprendo/aprehendo y trago Devuelvo algo más puro Digamos que no es monte, no es aguja, no es piedra, no es trago… es auténtico, es mío.» ¿Por qué?—Le dijo ella—, si yo también He aprendido del miedo He aprendido del silenciamiento forzoso De las pérdidas… He aprendido de las amistades pegajosas, peligrosas, volátiles e incendiarias… Entonces, levantó su mirada roja para decirle: «A veces es necesario comerse al maestro. Devorarla»